El viaje de Maribel – Capítulo I

Día 1 – Buenos Aires

Martín me pidió que nos vayamos de viaje juntos. Los pasos que siempre soñé se van cumpliendo. Primero conseguir un novio apuesto, después terminar la carrera, irnos de viaje, mudarnos, casarnos, tener hijos y vivir felices para siempre. Estas son nuestras primeras vacaciones juntos. ¿Qué más puedo pedir? Lo único malo es el lugar. Yo imaginaba una playa paradisíaca en el Caribe, con todo incluido. Pero no, quiere que vayamos a Salta y Jujuy. ¿Qué le ve a esos lugares? Además quiere ir de mochilero, con carpa y todo. Para mi es una locura, se lo dije, pero como es mi príncipe hago este esfuerzo por él. Sé que después lo voy a llevar por el buen camino.

Me acuerdo cuando lo conocí. Fue en el facu. Lo había visto de lejos, no podía creer que fuera tan lindo. Sabía que nos íbamos a terminar enamorando. Sabía que éramos el uno para el otro. Con el transcurrir de la cursada fuimos hablando, cada vez que me miraba moría de amor. Él iba en auto, y siempre me llevaba a casa, en los viajes nos moríamos de risa, me encanta su sentido del humor. Pero nunca me insinuó nada. Un día le mandé un mensaje yo. “¿Qué estas esperando para invitarme a tomar algo?” Ése fue el inicio del amor. Al principio era muy desprolijo y se dejaba la barba, ahora se viste mucho mejor, y los viajes también van a mejorar. Estoy segura.

Día 5 – Buenos Aires

Compré todo. Una mochila rosa, una bolsa de dormir rosa, zapatillas rosas. Pantalones desmontables, ropa térmica y bastones de trekking. Todo me combina. Nada puede salir mal. Voy a ser una princesa caminando por el bosque, y Martincito mi caballero. Mariposas, ardillas y golondrinas nos van a acompañar por un sendero de rosas, así me lo imagino.

Maribel -1

Día 8 – Buenos Aires

Estuve leyendo blogs de viaje. Me gustan porque miran la vida con mucho optimismo. Ahí también hablan de princesas y de reinas. Dicen que el mundo es hospitalario y viajar como mochilero es más fácil de lo que uno se imagina. Que hay que dejar los miedos, salir de la zona de confort y enfrentar al mundo. Igual me da miedo, ¿Si se me acaba el esmalte para las uñas de los pies en medio de un pueblito? ¿O si me bronceo con la marca de la remera? Son los riesgos que tengo que correr. Pero por suerte no voy sola. Tengo a mi caballero que me custodia. Juntos hacemos todo. Somos el uno para el otro y el mundo va a ser nuestro hogar.

Día 9 – Buenos Aires

Tenemos pasajes. Nos vamos en menos de una semana. No sabía que Salta estaba tan lejos. Es como todo un día en micro desde acá. No entiendo por qué no vamos en avión ¿Qué voy a hacer con mi pelo todo ese tiempo? Hay cosas tan básicas que a veces no están resueltas. Seguí leyendo blogs de viajes. Me encantó uno que decía “10 consejos para levantarte peinada durmiendo en carpa”.

Día 13 – Buenos Aires – Comienzo del viaje

Todo empezó normal. Papá nos llevó a Retiro a tomarnos el micro. No hay check in, tenés que ir con el equipaje hasta la puerta. Le dejamos la mochila al señor de abajo (que no olía muy bien y me miraba de forma rara) y subimos. Lo despedí por la ventana entre lágrimas. Sabía que este viaje me iba a cambiar, porque eso dicen los blogs de viajes, que viajando la gente cambia porque aprende. Estoy creciendo a pasos agigantados, yo no soy más la princesita de mi papá.

La emoción por organizar todo me dejó cansada. Apenas arrancó me dormí. Martín dormía al lado mío. Cuando me levanté estábamos en una estación de servicio en el medio de la ruta. Sin despertarlo bajé para ir al baño y arreglarme un poco. No tardé mucho, sólo media hora, pero fue suficiente para que el micro se fuera, dejándome sola y desprovista en el medio de la nada. ¡Qué horror! Mi celular quedó arriba. Ya no estaba ni en mi querida Buenos Aires. Me largué a llorar desconsoladamente. La tristeza era doble, se me corrió todo el maquillaje, debía parecer un monstruo. Se me acercó el playero y le conté lo que pasó. Me dijo no me preocupara, que el próximo micro pasa mañana a la mañana. Podía pasar la noche en el bar de la estación.

Extrañaba a todos. A mi papá, a mi perrito, a Martín. No podía dejar de pensar en él. Estoy segura que pronto nos encontraremos y secará todas mis lágrimas y me susurrará cosas dulces al oído, abrazándome. Espero que vengas a rescatarme príncipe azul. ¿Dónde estás?

Entré el bar, estaba sucio, me daba asco. La mesa de pool tenía tanto polvo que no paraba de estornudar mientras seguía llorando. Pedí un agua. Revolví en mi cartera en busca de alcohol en gel para limpiarme las manos y también un pañuelo para limpiar la mesa. Con la mano en la cartera toqué el pintalabios y el esmalte para las uñas, dudé si era el momento oportuno para usarlo o no. Decidí concentrarme en lo importante y busqué un pequeño mapa de Argentina que tenía, era una hoja impresa. Leí que los blogs recomiendan llevar mapas impresos de los lugares, le pedí a papi que me imprima en el trabajo. Tenía dibujos de flores y corazones por todos lados, lo hice con Martincito en el micro. Sabía que estaba en San Nicolás, pero no lo encontraba en el mapa.

Se me acercó un hombre más grande, todo vestido de negro, con muy mal gusto. Tenía una remera con una calavera y tatuajes por todos lados. La cara llena de aritos y una barba mal afeitada. Me daba miedo. Apoyó su vaso mugroso con cerveza en la mesa y me dijo:

– Flaca, ¿Querés otro mapa?

  • Lucas Fernández Canevari mochilasenviaje.com

    De chico los libros lo indujeron a una vocación, ser detective. Algo que hoy ejerce, pero cómo detective de otras culturas, de otras maneras de concebir el mundo. Para lograrlo cree que hay tres elementos que son indispensables: el viajar, la lectura y la fotografía. Como todo detective goza de buena memoria, pero la malgasta recordando resultados de los mundiales de fútbol. Parte de sus ideas las escribe en mochilasenviaje.com junto con su fiel compañera Ludmila.

Showing 5 comments
  • Daiana
    Responder

    JAJAJAJAJAA Exceleeeente, se fueron de tema. ¿Existirá alguien así? En Cafayate me crucé a una chica con calzas animal print y tacos aguja.. ¿será ella?

    • Pablo Garcia
      Responder

      Ojo eh! vamos a lanzar una campaa de búsqueda de las Maribeles que andan mochileando jejeje… seguro encontraremos! segurooo!!!

  • Ori
    Responder

    Seria una cosa graciosa encontrarme con Maribel 🙂
    Me encanto el microrelato

  • Rodrigo
    Responder

    Fantastico.
    Me he gozado «El viaje de Maribel»
    Gracias.

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