Malvinas, las cosas por su nombre (III)

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V. EL CAMINO DEL HÉROE

Lo llevé de nuevo a Malvinas. Necesitaba saber más sobre sus vivencias, sobre aquello que él valoraba de algo tan condenable para mí. Le hablé de mi tío, de cómo se había vivido en casa, de la angustia, de la identificación que había sentido con la película “Iluminados por el fuego”.

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-No, no somos víctimas, no fuimos los pobrecitos, los maltratados como lamentablemente dicen películas como “Iluminados por el fuego”. Vos salís del cine mirando a tu enemigo como un superior inmediato. Ese mensaje de que fue la misión de un borracho2 que mandó a los pobres chicos víctimas de la dictadura y hay que dejarles las islas a esos pobres tipos que crían ovejitas…  Se olvidan de que es el mismo enemigo desde 1806, el que te quiso invadir, te robó territorio… Y bueno, hoy todavía está ahí. Por eso la importancia de poder hablar, de que alguien te escuche.

-Pero ¿no fue una locura la guerra?

-Sí, no había que haberla planteado. Ninguna guerra tiene sentido. A las islas había que recuperarlas, izar la bandera, dejar un puñado de personas ocupándolas y sentarse a negociar, pero bueno, pasó lo que pasó. Pero a nosotros nadie nos apuntó con un revólver para que fuésemos. Llegó el telegrama diciendo que si habíamos hecho la conscripción el año anterior teníamos que presentarnos, y fuimos. No sabíamos si íbamos a ir a la guerra o no, o dónde íbamos a estar. Sólo sabíamos que nos íbamos a reencontrar con nuestros amigos de la colimba, donde se había generado un gran compañerismo, y en mi caso en particular, con el Sargento Villegas. Él fue quien nos formó, con mucha disciplina pero también con una enorme parte humana. Un gran líder. Y en muchos regimientos pasó lo mismo. Simplemente había que estar. Y hoy pienso lo mismo.

Había que estar. Con esa simpleza desdramatiza la situación, le quita lágrimas al reclutamiento. Le pregunté por el horror de la guerra, por las muertes, por la desorganización.

 -Llegamos y vimos que no tenían ni idea de adónde teníamos que acampar, cómo era el suelo, si los pozos se inundaban, o el simple hecho de que no podías trasladarte en vehículo porque la turba se hunde –pensé en los mapas de Cristina y me pregunté si alguna vez habrían llegado a las manos correctas-.  Ahí empezamos a notar que todo dependía de nosotros mismos.

Me contó que debían rebuscárselas para comer y guardar la grasa que podían conseguir para limpiar el fusil. Abrigarse y refugiarse del frío dependía de su ingenio. Se acostumbraron a que había que solucionar todo con el corazón, con las ganas de sobrevivir. Le pregunté si no tuvo miedo a morir, si no quiso volver a casa, que la guerra terminara . Me dijo que sí, que llegó un momento en que no aguantaban más, se querían ir porque no entraban en combate. Estuvieron 44 días escuchando la guerra, oliéndola, aprendiendo a ver cómo venían los tiros, escapando de bombardeos y balas sin poder defenderse porque los ataques provenían de buques lejanos o aviones de vuelo rasante.  Tenían hambre, frío y ganas de que todo termine, de enfrentarse y descargar toda esa adrenalina.

-Aprendimos que nos iba a tocar entrar en combate y llegó el momento en que hasta lo deseábamos, no soportábamos más la pasividad. Teníamos 19 años, nos creíamos inmortales, éramos Rambo, hasta que vimos morir al primero. Ahí me hizo un click, me cambió la vida.

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Me contó que unas horas antes habían estado puteando alrededor de una pequeña radio reacondicionada porque Argentina había perdido contra Bélgica en el debut del Mundial de Fútbol de España.  Era el 13 de junio cuando finalmente les tocó entrar en combate. Esa tarde a Julio Segura las esquirlas de un ataque lo partieron literalmente en dos.

-Yo lo vi volar. Estaba a 20 metros. Subíamos por el Wireless Ridge y nos estaban tirando con todo. Artillería naval, terrestre y pasaban los aviones, abrían y largaban todo lo que tenían.  Y el “Cata” Carballo pasó corriendo en medio del bombardeo a ver si le conseguía una ambulancia a Julio.

Esas acciones heroicas son las que rescata Esteban todo el tiempo. No se quedaron escondidos, salieron a tratar de salvarlo. Ellos no combatían contra alguien, combatían por alguien. Estaban allí por sus compañeros.

-¿Qué te pasó cuando viste su muerte?

-Se me retorció el estómago, me agarré una descompostura… Quería que todo se termine, para bien o para mal. Tenía la adrenalina a mil. “Nos mataron a uno, basta, vení y nos agarramos a trompadas. No importa que somos 100 contra 1000, ¿estamos los 100 unidos? ¡Vamos!”

-¿Nunca rendirse?

-No, ni siquiera cuando estábamos en el campo de batalla y veíamos que aunque tiráramos, ellos seguían respondiendo. Y ahí cae herido el Sargento.

El Sargento es Manuel Villegas, él junto a Esteban y a José Luis Serrezuela iban al frente de la Compañía A. Ya era de noche y su orden era apoyar a un regimiento de La Plata que combatía en las alturas del Wireless Ridge.  Mientras trepaba entre las rocas, el Sargento recibió un balazo en la cadera. Desde el piso les ordenó que tiren, que el enemigo estaba “escondido entre las rocas”. Pero Esteban no podía tirar sin arriesgarse a pegarle al propio Villegas, que había quedado en la línea de fuego. El Sargento insistió, decía que él ya estaba listo. Ante la negativa de sus soldados se estiró para tomar su fusil y un segundo disparo le impactó en su mano.

-Y ahí me di cuenta de que lo tenían en la mira y no le quisieron pegar en la frente. El inglés dejó de ser mi preocupación y empezó a serlo él. Le digo a Serrezuela “¿Vamos a buscarlo?” y el soldado, que tenía un mes de instrucción, no dudó ni un instante.

Lo que Esteban relata a continuación parece extraído de un guión cinematográfico. Él y Serrezuela tomaron la arriesgada decisión de dejar los fusiles y con los brazos en alto subir hasta donde yacía Villegas. Lo incorporaron, le dieron de beber nieve y whisky, y el sargento malherido pidió que lo despidieran de su familia.

-Meteme un tiro, son ocho kilómetros hasta el hospital. Meteme un tiro, no me dejes sufriendo. –le dijo Villegas.

-De ninguna manera, usted me debe un asado. –respondió Esteban Tríes, y con Serrezuela lo cargaron y comenzaron a bajar del monte. El Sargento se resistió y gritó hasta que perdió la conciencia. Los soldados fueron dejando atrás los bombardeos. Caminaron y caminaron, cruzaron un arroyo helado con el agua hasta el pecho, encontraron una ambulancia y se subieron, pero había tanto hielo en el camino que el vehículo terminó volcando. No se rindieron. Como pudieron salieron de lo que quedaba de la carrocería y volvieron a cargar a su sargento.  Con el último aliento lograron llegar al hospital de campaña.

No supe qué decir. Su descripción era tan precisa, lo que había vivido era tan intenso que no me salían palabras. Me lo quedé mirando. En silencio.

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-Cuando estaba en el hospital, después de haber dejado al sargento, vi como un puñado de otros 30 compañeros volvían a subir al monte para rescatar a los heridos del campo de batalla. En el medio de las balas. Y eso no sale en los libros, ni en las películas. Te hablo de un solo día, y la guerra duró mucho más. Imaginate las historias que hay de heroísmo, de compañerismo.

Asentí con la cabeza. Se me juntaron miles de cosas, de sensaciones. Por primera vez para mí la guerra tenía caras, nombres, detalles, razones. Pensé en pedirle algún tipo de disculpas pero no supe cómo. Sólo lo miré con gratitud, creo que él lo notó.

Le pregunté cuál era la solución.

-Yo creo que nosotros no nos vendimos y la batalla sigue, porque ahora es una batalla cultural y educativa. Hay que conseguir que se hable de esto en las escuelas, que se hable de verdad. Que se cuente todo, no sólo lo que les conviene a los políticos. Únicamente haciendo hincapié en la nación, en la soberanía, en el heroísmo, se va a lograr con el tiempo que a la gente realmente le importe. Y esos chicos serán los diplomáticos de mañana, los que le puedan encontrar la forma de sentarse a negociar con Inglaterra y encontrarle una solución justa a este conflicto.

Esteban y sus ex compañeros dan ese tipo de charlas en escuelas cada vez que pueden. Rescatar los nombres del anonimato es su principal preocupación. Porque que la guerra tenga nombres propios significa, para ellos, mantener viva la memoria de los que dieron su vida por la bandera, y esa es su nueva misión.

[Problema V. ¿Puede una guerra ser estúpida y justa a la vez? Nota mental: hay respuestas que todavía no están. ]

VI. UN MAPA RENGO

Comenzamos esta revista soñando con lograr que el mundo no nos resulte un extraño y entre todos poder construir Otro Mapa más tolerante y respetuoso. ¿Qué mayor desafío, entonces, que encontrarme con la necesidad de hablar de guerra y usurpación en mi primer texto? ¿Cómo unir la tolerancia a un reclamo por una soberanía atropellada?

Esta nota me enfrentó a los silencios de Malvinas: el de mi país y el de mi familia. A lo incómodo que resulta hablar de una guerra estúpida y evitable pero de una causa justa e ineludible. De cómo todos esos jóvenes que defendieron nuestra patria fueron relegados al anonimato por quedar asociados a la beligerancia de una Dictadura por demás condenable. Porque el problema Malvinas tiene todos esos elementos, tiene héroes y cobardes, dictadores y potencias invasoras, verdades, mentiras y contradicciones; pero, sobre todo, tiene un enemigo: el silencio.

Y al silencio, socio de la indiferencia, se lo combate hablando. Eso lo aprendí yo, ahora. Porque la primera vez que hablé en serio de Malvinas fue con Cristina, y su tenacidad para defender la reivindicación de la toponimia originaria de las islas me llevó a romper el mutismo de mi familia. Y gracias a esa charla con mi madre pude ahuyentar viejos fantasmas y comprenderme un poco mejor a mí mismo. Y todo eso me llevó a Esteban y su misión: hay que hablar. La importancia de la palabra para instalar un tema. Porque el primer paso para solucionar un problema es hablarlo, pero el segundo es involucrarse.

No tengo grandes conclusiones ni soluciones. Malvinas es una cuestión demasiado compleja como para aventurar una hipótesis liviana. En tiempos donde se cierran fronteras a refugiados que huyen de las guerras y el hambre puede sonar un tanto anacrónico hablar de soberanía. Pero no se puede hablar de mapas más tolerantes cuando el propio tiene cuentas pendientes. Un mapa irresuelto es un mapa rengo, y nada nuevo se puede apoyar en él.

Quizás la propuesta de los ex combatientes de llevar el tema Malvinas a las escuelas sea un buen comienzo. Renovar las discusiones sobre estado, nación y soberanía. Y que así, mediante la palabra, se formen nuevas generaciones que puedan encontrar, alguna vez, la forma de completar ese mapa.

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Homenaje a los caídos en el cementerio de Darwin

 

Referencias:

  • 1 Colimba: argentinismo con el que se conoce a los conscriptos, surge de la contracción de la frase corre, limpia, barre.
  • 2 Leopoldo Fortunato Galtieri: Presidente de Facto de Argentina entre 1981 y 1982. Conocido por su adicción a la bebida y por su tristemente célebre frase anti británica: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Protagonistas:

  • Cristina Juliarena: Licenciada y Profesora en Geografía, Cristina se especializa en temáticas ambientales, ecología y toponimia. Entre 1979 y 1984 realizó investigaciones en toponimia en el Instituto Geográfico Militar. Actualmente se desempeña como docente universitaria e integra la comisión directiva del Centro Argentino de Cartografía (CAC).
  • Esteban Tríes: Ex combatiente de Malvinas. Trabaja en el Programa de salud para ex combatientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con su amigo, el sargento Villegas, comparten asados semanales y el programa radial “Malvinas corazón de mi patria” de AM Tradición.
  • Mi vieja: Mi mamá también se llama Cristina, es una jubilada que sigue haciendo los mejores guisos de la zona y aún es portadora de varios secretos familiares.
  • Mi tío: Pablo es un gran mecánico. Actualmente vive en Bahía Blanca reparando enormes máquinas en el puerto. Todavía no nos hemos sentado a hablar de Malvinas.
  • Sebastián Cabrera cruzarlapuerta.com

    La primera vez que reconoció una vocación fue la de contar historias y así pasó por aulas de taller literario, periodismo, guión y cine. La segunda fue viajar y la tercera observar  animales en libertad. Desde aquel día trata de juntar las tres para escaparse cada vez que puede a explorar distintos rincones del mundo. De tanto aburrir a su familia con las fotos de sus viajes decidió abrirse un blog, cruzarlapuerta.com, y liberarlos de aquel yugo dominical. Tras doce años de trabajar en noticieros encontró en Otro Mapa la oportunidad de hacer, por primera vez, periodismo.

  • Marina Rossi

    Nació en Córdoba pero hace muchos años que adoptó a Buenos Aires como su ciudad. Tiempo atrás descubrió su pasión por la fotografía y desde entonces no pudo separarse de su cámara. Hizo algunos cursos pero considera que la mejor escuela es salir, viajar, observar, estar, esperar. Ama viajar y recorrer lugares poco convencionales. Combinar los viajes con la fotografía es su mayor placer.

Showing 14 comments
  • Jose Mariano
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    Seba, tremenda nota. Me atrapó leerla, me divirtió y me emocionó. Testimonios fuertes y muy interesantes. Derrochas talento en cada cosa q haces.
    La revista un lujo. Ya soy fan.

    • Sebastián Cabrera
      Responder

      Gracias Jose. Estamos muy entusiasmados con el proyecto y comentarios como estos nos indican que vamos por el buen camino.
      Abrazo fuerte!

  • dani
    Responder

    Emocionantes relatos de HEROES !que de a poco van saliendo del anonimato para darles el reconocimiento que merecen!! Exelente descripcion de lo que tiene que ser OTRO MAPA!! abrazos y hasta otra entrega….

    • Sebastián Cabrera
      Responder

      Muchas gracias por tus palabras, Daniel. Claro que merecen el reconocimiento de todos nosotros. Abrazo y bienvenido al «OTRO MAPA» 🙂

  • Patricio
    Responder

    Precioso reportaje, muy humano, felicitaciones.
    Saludos desde Chile

    • Sebastián Cabrera
      Responder

      Muchas gracias, Patricio. Acercarse a los problemas, humanizándolos y despojándonos de todos los prejuicios, es el primer paso para tratar de entenderlos.
      Abrazo desde Buenos Aires

  • Tajir
    Responder

    Estimado Juan Pablo: para ingresar a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Ae9rea tieens que tener de 16 a 24 af1os y el Secundario completo o estar cursando el faltimo af1o del mismo. En nuestra pe1gina web encontrare0s todo lo que necesitas saber para ingresar a e9sta Institucif3n en el af1o 2013. Saludos

  • Flor Zaccagnino
    Responder

    Gracias Sebas por semejante laburo. La redacción, las fotos, tu forma de transmitir la historia, realmente, única.
    Excelente las 3 notas, no podía parar de leer!
    Abrazos,
    Flor

  • Seba
    Responder

    Gracias Flor! Está bueno ver que el laburo que le ponemos a la revista rinde sus frutos. Para nosotros es un orgullo hacerla. En lo particular, disfruté muchísimo atravesar todas las emociones por las que tuve que pasar hasta terminar la nota. Fue muy catártica.
    Saludos
    Seba

  • Mariano
    Responder

    TREMENDA nota Sebas! Leerla hoy 2 de abril moviliza bastante. Felicitaciones por un gran trabajo!

    • Seba
      Responder

      Gracias Mariano. Fue muy movilizador haberla escrito y aún lo es.
      Abrazo

  • Ariel
    Responder

    Tremenda nota, excelente!

    • Seba
      Responder

      Muchas gracias, Ariel!!!

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