Una Extraña Dama en Halong Bay

Ir a la Bahía de Halong, en el norte de Vietnam, me generaba mucha expectativa aunque quizás no era la época del año apropiada para la visita. Hacía frío y estaba nublado a pesar de lo cual el paisaje de la bahía lucía bonito. Con mis circunstanciales compañeros de viaje, nos embarcamos en una balsa que nos llevó desde la costa hasta el barco que nos hospedaría por los siguientes dos días. Su estilo me recordaba al típico barco pirata: de madera, con dos pisos, uno para un gran comedor y la cocina, y otro para las habitaciones, una cabina de mando, algunos mástiles y las velas enrolladas. Imaginaba veranos con gente durmiendo incluso en la terraza y lanzándose desde allí al agua, pero ahora en pleno invierno, lo mejor era tomarse un té caliente en la intemperie y volver al interior cuanto antes.

Navegamos más o menos una hora y media hasta llegar a una isla con cavernas. Realmente un lugar bellísimo, aunque iluminado por unas luces dicroicas horribles, con un sentido estético muy discutible. Luego del paseo, volvimos al barco a la hora del atardecer. Cenamos temprano, la típica cena vietnamita: sopa de verdura, una enorme fuente de arroz y un poco de pollo con verduras y frutas. Cada uno arrancó como pudo su pedazo de pollo. Habían palitos pero comer pollo con palitos chinos (bah, palitos vietnamitas) me fue imposible. Usé la cuchara.

Luego de la cena, toda la tripulación del barco se reunió en el salón comedor con nosotros para compartir uno de sus pasatiempos favoritos: el karaoke. A los vietnamitas les encanta el karaoke pero en su versión no utilizan la base de las canciones para cantar. Cada tema es reversionado por un simpático pianito que reproduce los acordes de la melodía en cuestión. Primero fue el turno de unos británicos y todos nos divertimos cantando temas de U2. Luego llegó una pareja de franceses y todos, a los gritos casi, cantamos la canción de Edith Piaff, “La vie en Rose”. La labor del cocinero convertido en disc-jockey se empezó a complicar con unos suecos hasta que encontró un tema de Roxette y todos acompañamos a la pareja cantando “She´s got the look”. Pero claro, lo que nunca esperaba el disc-jockey era tener en el grupo a un argentino. No tenía música argentina. O al menos eso creía. El cocinero recordó que una pareja algunos meses atrás le había dejado un CD de música romántica argentina . Se generó un suspenso terrible mientras buscaba el preciado material de archivo y la música empezó a sonar: tuve que cantar el hit de fines de los ochenta “La Extraña Dama”. ¿Se habrá imaginado alguna vez la cantante Valeria Lynch que sería homenajeada en una bahía asiática más de veinte años después de su gran éxito? De cualquier modo, fue una noche inolvidable para mí y creo, para todos!

Me lo dijo una planta 1 (Copy)

  • Pablo García polviajero.com

    Profesor y viajero o viajero y profesor, en el orden que mas les guste. Lo social y la historia son sus pasiones y los motivos de sus viajes constantes ya sean reales o virtuales. Fanático de la literatura fantástica y de los museos, de mercados lejanos y charlas eternas. Después de haber dedicado algunos años a explorar latitudes lejanas, hoy viaja nuevamente por latinoamérica, su primer amor. Escribe en polviajero.com y en decenas de pizarrones, pero esa es otra historia.

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