Anillos dorados que ocultan historias

  • por Pablo García
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esde el aire se ve la selva tupida, salpicada por decenas de templos blancos. Aterrizamos en el Aeropuerto de Chiang Mai, en el norte de Tailandia, en una tarde de enero donde el sol era arrasador. Por unos pocos baths conseguimos un tuk-tuk que nos llevó al centro de la ciudad. Cruzamos las murallas antiguas a toda velocidad y mientras, la estimulación de los sentidos iba al 1000 %. Templos y budas por doquier, colores y olores de cientos puestos de comida, bocinazos, gritos de vendedores intentando atraer compradores a su local e insisto, un calor sofocante, así nos recibía Chiang Mai. Ni bien bajamos del tuk-tuk para buscar un hostel, un grupo de jóvenes nos vino a ofrecer los típicos tours de la región: paseos en elefante, visita al Tiger Kingdom con posible stop en  peleas de serpientes y visita a la aldea de las mujeres “cuello de jirafa. Mientras escuchaba al chico que nos decía las actividades que incluían estos tours, mi cabeza no paraba de pensar. Me dio la sensación de haber llegado a un circo macabro. En medio del frenesí, ofrecen todo junto como si fuese la misma cosa: ir a sacarte la foto con un tigre sedado, pasearte en elefante encadenado por la selva e ir a ver a estas mujeres que vaya a saber uno si quieren sacarse fotos con cada turista que llega a su aldea”.

Hasta aquí un fragmento de mi diario de viajes. Ese fue el contexto en el que conocí a las mujeres de la etnia Karen, a las cuales no llamaré “cuello de jirafa” ni Padaung (en birmano), dado que es un nombre que detestan y además, las cosifica, como si lo único que tendrían para mostrar fueran los anillos de su cuello. Difícilmente una foto pueda expresar la historia de persecución y poder que se esconde detrás del brillo de los anillos de una joven Karen. Pero posiblemente todos los viajeros cuando andamos por Tailandia queremos tener esa foto.

El pueblo Karen es una de las minorías étnicas que habita Myanmar. Sin embargo, a partir de la persecución que su pueblo sufre de parte del gobierno militar birmano, muchas huyeron a la frontera con Tailandia donde aún hoy permanecen, en calidad  de refugiados.  Sí, esas mujeres con enormes cuellos y sonrisas omnipresentes posan para las fotos de cada grupo de turistas que llegan a su aldea han tenido que huir de su país en medio de una brutal persecución.

Esas mujeres con los cuellos cubiertos de anillos

Conocí a las mujeres de la etnia Karen, como la mayor parte de los turistas que viajan por Tailandia, en una pequeña aldea montada alrededor del Tiger Kingdom (un centro de cautiverio de tigres muy visitado en las afueras de Chiang Mai). La aldea está formada por unas 15 o 20 casas de bambú donde las mujeres Karen tejen y venden sus artesanías mientras los turistas se agolpan para fotografiar sus cuellos cubiertos de anillos de cobre. En la vorágine de mi primer viaje por el Sudeste Asiático, quedé en medio de este show perverso sin saber mucho sobre lo que tenía frente a mis ojos. Fue una sensación extraña. Por un lado estaba la atracción por lo exótico y por estar delante de estas mujeres que alguna vez había visto por televisión y que nunca me imaginé podría contemplar con mis propios ojos e incluso dialogar. Por otro lado, la resistencia a participar de un circo humano, montado en medio de ruta turística.

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Las mujeres de la etnia Karen dedican gran parte de su día al hilado


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Ingreso a la aldea cercana al Tiger Kingdom en Chiang Mai

Sus cuellos cubiertos con anillos de cobre captan la atención de todo aquel que las ve. Cuando las mujeres del pueblo Karen cumplen 5 años de edad les ponen alrededor de sus cuellos un adorno de bronce en forma de anillo que comienza a presionar su clavícula hacia abajo. A medida que crecen, van sumando anillos y su clavícula se estira hacia abajo. Es una belleza que duele.

Se han elaborado decenas de conjeturas sobre el porqué de sus anillos. Algunos dicen que inicialmente se los pusieron para evitar las mordeduras de los tigres en la selva, lo cual no tiene demasiado asidero porque los hombres de la etnia karen no llevan esta “protección”.  Otros dicen que se los pusieron para afear a las mujeres y así evitar que sean capturadas como esclavas por otras tribus, pero no hay nada que indique que esto sea cierto. La teoría que cuenta con mayor solidez es la que indica que los anillos, además de ser un adorno, surgieron como muestras de la posición social la mujer. Cuantos más anillos una mujer lucía, más rica era la familia de la que procedía la mujer.

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Una mujer Karen acomoda sus hilados

Con el tiempo también el collar se transformó en un símbolo de la dominación sobre la mujer. Antiguamente el pueblo karen conformaba una sociedad matrilineal y monógama, pero se convirtió a la poligamia debido a la escasez de hombres, cuya cantidad mermó por la guerra contra el gobierno birmano. Esto situó a los hombres en una especial situación de poder. La fidelidad de la mujer comenzó a ser uno de los principales valores de la sociedad y su infidelidad era castigada con la quita de los anillos, dejando postradas a las mujeres con los músculos del cuello atrofiados.

Sobre la persecución al pueblo karen

Hay quienes afirman que el Gobierno birmano buscó desterrar la costumbre de los anillos en el cuello por asociarla a un país poco desarrollado. Según esta teoría, en un intento por modernizar el país, la etnia Karen fue perseguida. Pero, a decir verdad, la persecución tendría motivos más complejos.

El pueblo Karen vivió durante siglos en Myanmar con pretensión de lograr, alguna vez, su autonomía. La situación de conflicto se profundizó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón e Inglaterra disputaban el predominio en la región. Los ingleses prometieron al pueblo Karen su ansiada autonomía de los birmanos si los apoyaban en su lucha con los invasores nipones y el gobierno militar de facto que gobernaba la región. Ante esta toma de posición durante la guerra por parte de los Karen, muchas de sus aldeas fueron destruidas tanto por el ejército de Japón como por el propio ejército birmano. Luego, cuando Myanmar obtuvo su independencia, en enero de 1948, los nacionalistas birmanos no consideraron las reivindicaciones de autonomía que reclamaba la Unión Nacional Karen (UNK), y volvieron a masacrar a esta minoría. Así fue que muchas mujeres comenzaron su huida del país buscando refugio en Tailandia. Los informes de las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la zona denuncian que, todavía hoy, el ejército birmano continúa quemando sus aldeas.

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Una mujer de la etnica Karen en la aldea del lago Inle, en Myanmar

El peso del dinero que se carga en los cuellos

En el estado tailandés de Mao Hong Son, en la frontera con Myanmar, se han establecido tres aldeas que reciben a los refugiados Karen. Son pequeñas pero han tomado resonancia mundial. Aquí se mezcla la ayuda a un pueblo que escapa de una guerra con una visión de negocios bastante cuestionable. Resulta ser que las mujeres Karen atraen a miles de turistas cada año para sacarse fotos al lado de sus collares y eso representa un importante ingreso económico para el gobierno de Tailandia. Sí, las mujeres Karen se han convertido en un gran negocio en el boom turístico de Tailandia.

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Además de sus típicos hilados, las mujeres Karen venden artesanías para los turistas que visitan su aldea

El gobierno tailandés les ha dado casa, comida e incluso ha organizado escuelas para los niños refugiados pero a cambio de ello ha montado en la aldea un show para el turismo que le provee miles y miles de dólares cada año. Las mujeres Karen viven en aldeas construidas ah-hoc para ser visitadas por turistas de todo el mundo, para acceder a ellas hay que pagar una entrada y luego un plus para tomar fotografías. De esos ingresos, una módica parte es para la propia aldea, otra parte es para el Partido Nacional Progresista Karenni y su causa; y una gran parte se la queda el estado tailandés. A cambio de la protección que Tailandia les da, cada día estas mujeres tienen que dejarse fotografiar una y otra vez por visitantes curiosos mientras hacen sus tareas cotidianas. Como si de un circo se tratara ellas sonríen, tejen y venden pequeños suvenires. Sospechosamente no se ven hombres.

Claro, los hombres no llevan los anillos en su cuello. Esos enormes anillos dorados han marcado el destino de estas mujeres. Perseguidas por el gobierno birmano, poseídas por sus maridos luego y usadas como un objeto fetiche para deslumbrar turistas, estas mujeres ocultan tras sus anillos y su sonrisa, tristes historias.

Cierro con otro fragmento del diario de viajes. “La aldea de las mujeres Karen está ubicada al lado del Tiger Kingdom, casi como parte el mismo paseo. Nefasto. Fui, por curiosidad y me quedé con una sensación amarga. Todo está armado como un show. Entrás, pagás, sacás las fotos que querés, ellas siempre sonríen, en silencio. Tejen. Las calles son de tierra y las casas están formadas con caña de bambú. Todo es muy precario. Los turistas llegan, sacan de su cartera dulces para los chicos, se sacan fotos y se van. Como mirando una vidriera. O un show. No sé qué es peor”.

  • Pablo García polviajero.com

    Profesor y viajero o viajero y profesor, en el orden que mas les guste. Lo social y la historia son sus pasiones y los motivos de sus viajes constantes ya sean reales o virtuales. Fanático de la literatura fantástica y de los museos, de mercados lejanos y charlas eternas. Después de haber dedicado algunos años a explorar latitudes lejanas, hoy viaja nuevamente por latinoamérica, su primer amor. Escribe en polviajero.com y en decenas de pizarrones, pero esa es otra historia.

Showing 2 comments
  • Paula
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    Que enriquecedor es leer este tipo de notas con una mirada en el “màs allà de lo que el ojo ve”… cada vez que viajo me resuenan varias preguntas “què sentiran con mi presencia quienes viven en este sitio? qué sentiran con cada “click” de mi camara?… còmo modifica su cotidianeidad mi presencia?…” … No somos concientes, la mayoria de las veces, del daño que podemos generar con el simple acto de ir a mirar, y como asi perpetuamos un sentido que se manifiesta como verdad absoluta… Gracias a èste relato pude ver que detràs del exòtico “cuello de jirafa” se esconde un sujeto, una historia, un sentir…
    Tratar de ver el modo en el cual podemos tener un acercamiento humano, acogedor, armonioso y por sobre todo de Respeto, no entrar en la desesperada voragine de gatillar para capturar una imagen y eternizarla para decir “Yo lo vi”… Poder ponerse el cristal “Humano.Respeto.diversidad” y ser crìticos desde ahi para acercarse a las diferentes culturas, a las diferentes particularidades que habitamos esta Tierra… Un Turista Conciente, Responsable .

    Gracias por estas palabras, por poner en juego otra mirada…

    • Pablo Garcia
      Responder

      Hola Paula! qué lindo tu mensaje!!! muchas gracias por tomarte el tiempo de leernos y de escribirnos. Si desde algún lugar chiquito podemos ayudar a mirar con otros ojos el mundo, tarea más que cumplida!! saludos

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