• por Jimena Sánchez y Andrés Calla
N

o hay momento del día donde se escuche silencio: no existe. El zumbido veloz e intrépido del viento hace temblar oídos y sucumbe el verde gastado del pastizal. La banquina es infinita, como el horizonte. La ruta parece no llegar a ninguna parte o quizás sí: al límite de la tierra del otro lado del mundo.

El suelo estático y el cielo que atina a deslizarse con sus nubes de algodón. Por momentos rápido, por momentos lento, por momentos nada. Porque si sale el sol no se percibe ningún movimiento salvo por las alas de los cauquenes cuando vienen a nuestro encuentro por decisión de la naturaleza.

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Las pequeñas y grandes elevaciones de la estepa intimidan. Intimida sentirse un punto pequeño e insignificante en este globo lleno de voces. La pasividad que se palpa porque algo invisible lo mueve todo. Estremece los sentidos, envuelve los ojos de emoción, eriza la piel fría porque el calor humano está a kilómetros de distancia.

Y no importa si el camino es de asfalto nuevo o de tierra vieja, la huella que deja la quietud de la estepa queda tatuada en el alma del viajero con tinta fresca. Y pasa el tiempo y ella queda. Se extraña, se añora, se necesita: lo que se siente en el medio de la nada nos acerca al todo.

Ni los macizos de piedra con alturas exageradas atinan a correr la mirada porque en la esencia de la extensa Patagonia, en la tierra cercana al fin del mundo, no hay sentido de la velocidad. Porque para percibir movimiento hay que agudizar el ojo y detenerse en el sol, en las aves que planean, en la nube que sobrevuela el cielo y en el viento que mece nuestros cabellos y los despeina.

El movimiento en lo que nadie ve: la ruta que dobla y se endereza y gira otra vez, el ritmo en los picos de las montañas como cardiogramas, el pasto que roza con otro pasto, las cosquillas de la arena sobre las piedras, el guardarrail que ruje por el calor, el cartel que titila porque en sus raíces falta tierra, el punto estático que veo a lo lejos y el guanaco cuando me mira, las huellas del movimiento que fue y que ya no existe, las nubes pintadas al óleo.

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Porque la Patagonia es así de intensa y completa en su sosiego. Áspera, pero emocional como ninguna. Detenida en un espacio sacudido que la hace íntima y silenciosa.

Patagonia:

El movimiento en el no movimiento como los sonidos de un arpegio dulce.

El no movimiento en el movimiento como los sonidos del universo cuando los ojos se detienen.

El todo y la nada (si es que existe).

La mirada: ella tan quieta, pero tan viva.

  • Jime Sánchez y Andrés Calla

    Jime Sánchez (la escritora) y Andrés Calla (el fotógrafo) viajan en bicicleta desde enero de 2013. Empezaron por Argentina y la idea es darle la vuelta al mundo sobre ruedas. Cuentan sus historias y periplos en lavidadeviaje.com

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  • debora grossoni
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    Jime, x donde andan? Yo viviendo y trabajando en el chalten. Veo gente en bici y no puedo creer q sobrevivan con este viento permanente de hasta 100 km x h. Si llegan hasta aca chiflen! Beso enorme 🙂

    • La Vida de Viaje
      Responder

      Hola Débora! Qué ganas nos diste de volver a El Chaltén! Nuestra idea era pasar el invierno allá para avanzar con nuestro libro, pero aún no sabemos (quizás nos vayamos para el Norte así terminamos de recorrer las provincias que nos quedaron pendientes y la partecita de la 40 del Abra de Acay). Si llegamos a ir (mi intención igual es volver en algún momento), te escribo! Te paso nuestro email así seguimos en contacto por ahí: lavidadeviaje@gmail.com. Muchos besos!

  • Joseph Goertzen
    Responder

    Gracias por el relato de la Patagonia. Nosotros recorrimos la Argentina por la costa del Atlántico hasta Rio Gallegos y subimos a los pies de los Andes, pasando por El Calafate, El Chaltén, Esquel y subiendo hasta Bariloche…vivomos lindos momentos….caminos que parecían que nunca terminan…..algo hermoso….disfrutamos el Glaciar Perioto Moreno, caminatas en El Chalten….etc….
    Éxito en sus viajas y sigan escribiendo, comentando lo vivido…y si sale el libro…avisen…
    Soy del Paraguay…

  • GEORGE WINCH
    Responder

    SOY ARGENTINO VIVO EN ESTADOS UNIDOS HACE YA 60 AñOS URIUNDO DE LAS CIUDADES DE ENSENADA DE BARRAGAN Y LA PLATA, EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES. SOY AMIGO DEL PROFESOR DANIEL GALATRO DE ESQUEL. GRACIAS A MI PADRE CONOSCO LA PATAGONIA, EL ERA NORTEAMERICANO. MI FAMILIA ESTA SDESPARRAMADA POR TODO EL MUNDO (VER LA REVISTA DEL PROFESOR GALATRO (LOS WINCAS TROTAMUNDOS). ESTOY JUVILADO DESDE HACE 25 AñOS DE LAS COMPANIAS AEREAS. VOLE ALREDEDOR DEL MUNDO, PERO, LA PATAGONIA ARGENTINA INCOMPARABLE. POR ESA RAZON LES PIDO QUE MANDEN LA REVISTA ON LINE DE MI PATAGONIA QUERIDA MUCHAS GRACIAS

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  • […] aire y tierra, el cielo y las montañas. Debe ser porque siempre me remontan a mi infancia en el sur de Argentina, precisamente a Rio Turbio, un pequeño pueblo cordillerano en el extremo sur de la provincia de […]

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