Vivir en la selva

  • por Pablo García
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elisa es una niña que vive en la selva de Perú, y como tantos otros niños que han nacido en la selva, su existencia gira alrededor de un río. El río Tapira marca el compás de sus actividades diarias y las de su comunidad, una pequeña aldea llamada Centroamérica.

El Tapira es un pequeño río afluente del Amazonas, pero para este pueblo, es la fuente de la que se obtiene todo lo necesario para sobrevivir. Por haberse asentado tan cerca del río, se los llama ribereños, aunque ese no sea el nombre de su etnia. Son en realidad parte del pueblo cocama-cocamilla, del cual hay más de veinte comunidades en la zona de la Reserva Natural Pacaya Samiria y sus alrededores, donde vive Melisa.

Los cocama-cocamilla conforman una de las tantas etnias que hoy habitan el Perú. Se estima que son unos 20.000 en total y que viven en comunidades, sobre todo en áreas selváticas. La historia nos cuenta que fue una de las etnias con la que los jesuitas organizaron las primeras reducciones, en los años en que los españoles comenzaron a explorar estas tierras. Luego intentaron usarlos para conquistar a los pueblos jíbaros pero los cocamas aprovecharon la oportunidad para revelarse contra el dominio español y huyeron a la profundidad de la selva.

Así comenzaron años de enfrentamientos que trajeron como saldo centenares de muertes en ambos bandos. Las epidemias causadas por las nuevas enfermedades traídas por los españoles a la selva diezmaron a este pueblo, y con la expulsión de los jesuitas de América, comenzaron a ser “cazados” para transformarse en esclavos de la corona. Además, eran usados como fuerza de choque para contener el avance portugués en las tierras orientales o bien para ser canoeros, guías y guardianes de otros nativos en expediciones en busca de oro.

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Actualmente los cocama-cocamillas siguen viviendo en la selva peruana pero ya como un pueblo libre, organizado en grupos patrilineales llamados «sangres», que comparten un mismo apellido que por lo general corresponde a nombres de plantas o animales. Si bien muchas de sus costumbres se han perdido con el tiempo, el matrimonio preferencial de esta comunidad sigue siendo el denominado entre “primos-cruzados”, por ejemplo, de un varón con la hija del hermano de la madre o la hija de la hermana del padre. Cuando estuve de visita en Centroamérica conocí a Melisa y a sus primos, por lo cual, casi con seguridad puedo decir que conocí a sus futuros esposos.  

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Melisa vive junto a sus padres y sus hermanos (Juan, Patricia y Berto) en una aldea conformada por apenas un puñado de casas y una escuela primaria. También tienen una pequeña cancha de fútbol, una suerte de granero donde guardan y secan lo que recolectaron en la selva, un pozo de agua para lavar ropa y no mucho más. Centroamérica es una comunidad pequeña: viven apenas unas 40 personas pero se las han ingeniado para ser un grupo fuerte, que puede hacerle frente a la adversidad. Vivir en la selva no es nada sencillo, y para los niños como Melisa y sus hermanos, mucho menos.

Centroamérica cambia siguiendo el ritmo de las aguas del río Tapira, que suben o bajan de acuerdo a la época. En temporada de lluvias el río empieza a subir y rodea las casas por completo. Por este motivo es que están construidas sobre pilares de casi dos metros de altura. Luego, cuando el río baja, las casas quedan en tierra firme, y muy fecunda para los cultivos. Esto es aprovechado por toda la comunidad para autoabastecerse.

Info

La Reserva Nacional Pacaya Samiria es una zona protegida del Perú ubicada en la Región Loreto, en la Amazonía peruana. Con una superficie de 2 080 000 hectáreas es la Reserva Nacional más extensa del Perú, la segunda área natural protegida del país (luego del Parque Nacional Alto Purús) y la cuarta área protegida de toda América del Sur.

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El día en Centroamérica comienza temprano. Melisa se levanta al amanecer. Solo la despierta el canto de decenas de aves que han hecho sus nidos alrededor de su casa. Aquí no hay despertadores ni alarmas. Melisa y sus hermanos comparten la habitación con sus padres, duermen todos en colchones ubicados en el piso y cubiertos con mosquiteros porque los mosquitos abundan. Antes de partir rumbo a la escuela, Melisa y sus dos hermanos varones van hasta el río en busca de agua para cocinar y lavar ropa. Mientras tanto su madre prepara el desayuno en un brasero: por lo general, cocina mazamorra, una maza que se hace a base de maíz y harina.

José, el papá de Melisa, cada noche echa una red al río cerca de su casa y a la mañana siguiente va a buscar la pesca. Los chicos lo suelen ayudar, y traen baldes llenos de pescado. Lo bueno de tener el río cerca es que siempre llega fresco el pescado. Mientras los varones se encargan de la pesca, Melisa y su mamá llevan la ropa a lavar al río y la dejan secándose al sol. Luego los padres se van a la plantación de yuca de la familia, ubicada en la otra punta de la isla donde viven y trabajan todo el día.

Melisa y sus hermanos tienen suerte. La escuela a la que van está ubicada a menos de veinte metros de su casa. Otros chicos tienen que llegar caminando desde otras comunidades que habitan esta isla o bien en canoa. La escuela está dividida en dos salones: uno para los más chicos y otro para los más grandes.

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El día en Centroamérica comienza temprano. Melisa se levanta al amanecer. Solo la despierta el canto de decenas de aves que han hecho sus nidos alrededor de su casa. Aquí no hay despertadores ni alarmas.

El día escolar comienza con una pequeña formación de los veinte alumnos en el frente de la escuela, izando la bandera del Perú y cantando el himno nacional. Todos los días, la única maestra que trabaja en la escuela elige un ayudante que será el encargado de ir a buscar el agua al río y de mantener el aula limpia. Si bien hay una sola maestra y dos salones de clases para toda la escuela, la mañana se divide en clases de lengua, matemática, historia, biología y geografía. A media mañana hay un recreo largo, de unos cuarenta minutos, donde suelen organizarse partidos de fútbol o vóley. A la una culmina el horario escolar y los chicos regresan a sus casas.

La familia de Melisa almuerza recién cuando sus papás vuelven de la plantación. Luego del almuerzo, con el sol fuerte pegando sobre la selva, es tiempo de descanso en las hamacas. La tarde de los chicos se divide entre las tareas escolares y los juegos. Todos los niños ribereños desde pequeños saben manejar las canoas y las usan como medio de transporte para reunirse a jugar con sus amigos. Antes del anochecer, vuelven a sus casas y es tiempo de darse un baño en el río.

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Con el anochecer, cambian el paisaje de la selva y sus sonidos. Aparecen las ranas y otros pájaros con hábitos nocturnos. En la radio de la familia se escucha un partido de fútbol que se juega en una ciudad lejana. Algunas noches, la mamá de Melisa hace unos bollos de yuca para que coman algo antes de irse a dormir. La familia se alumbra con lámparas de kerosene y en estas tierras, donde la luz no ha llegado y la televisión tampoco, el día culmina con historias de la selva que los papás cuentan a los chicos hasta que se duermen.

Cuando se apagan las lámparas de las diferentes familias, Centroamérica queda iluminada solo por la luz de la luna que baña la selva. Todos duermen y solo se escuchan algunos pájaros revoloteando y no muy lejos, la corriente de agua que corre por el río Tapira.

Una lluvia torrencial cae en plena madrugada. El río está creciendo. Centroamérica tendrá que adaptarse a una nueva estación de lluvias que está a punto de comenzar.

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  • Pablo García polviajero.com

    Profesor y viajero o viajero y profesor, en el orden que mas les guste. Lo social y la historia son sus pasiones y los motivos de sus viajes constantes ya sean reales o virtuales. Fanático de la literatura fantástica y de los museos, de mercados lejanos y charlas eternas. Después de haber dedicado algunos años a explorar latitudes lejanas, hoy viaja nuevamente por latinoamérica, su primer amor. Escribe en polviajero.com y en decenas de pizarrones, pero esa es otra historia.

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  • […] remando el lago en sus barcas de madera, los capitanes que nos trasladan de un punto a otro, los niños y niñas que van al colegio, los conductores temerarios de los tuktuks, los dependientas y dependientes de las tiendas, las […]

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