Oruro, el precio del carnaval

  • por Mariano Bugallo
O

ruro es un caos. Es lógico. El carnaval es caos por definición. Durante dos días de febrero recibe un aluvión de miles de gentes desde diferentes rincones del país y la ciudad se transforma en una piñata que finalmente explota dejando un reguero de sorpresas y emociones.

Siempre se trata de pagar. Muchos pagan promesas a la Mamita de la Candelaria(1) bailando para ella durante horas y horas por las calles de la ciudad. Otros lo hacen con dinero por un asiento en el palco para participar de la fiesta más importante del año en Bolivia(2). Algunos pagan por estatus, por ubicarse en el lugar correcto de la estructura social o en la primeras filas de las fraternidades(3). Los demás trabajan y sólo les queda mirar por detrás de las gradas en el mejor de los casos. Un ritual puede ser el espejo de la comunidad que lo realiza. El carnaval es uno deforme, pero un reflejo al fin.

Para ser precisos, la celebración comienza una semana antes, pero el plato fuerte es el sábado de peregrinación al Santuario del Socavón y el domingo cuando despide a la virgen dando paso al Día del Diablo. Porque sólo en el carnaval, pueden convivir armónicamente el bien y el mal; lo religioso y lo pagano, lo real y lo absurdo.

Pobre Oruro, no da abasto. Los alojamientos están completos, las rutas cargadas de autobuses, las veredas abarrotadas de ferias, puestos de comida y botellas de cerveza. Además de la superpoblación hay una especie de sobreexcitación general. Gritos indescifrables, ruidos estridentes, músicas superpuestas, carcajadas alcoholizadas y hordas de niños lanzadores de espuma que no se apiadan de nadie. Hoy no hay reglas y si las hay, están para romperse.

El desfile recorre la Calle Potosí y Bolívar pasando por la Plaza 10 de Febrero, el punto más álgido donde se encuentra el palco oficial. En una de esquinas, hay un cordón policial que abre y cierra el paso para poder cruzar del otro lado cuando no hay comparsas bailando.

Yo estoy metido ahí, observando todo lo que sucede como un intruso, en ese lugar estratégico que me permite poder mirar sin haber comprado las entradas. Mientras tanto, saco fotografías por sobre el hombro de uno de los policías que presiento, comienza a fastidiarse. De repente gira su cabeza, me mira fijamente y me dice:

-Usted no puede estar acá. ¿De dónde es?
-De Argentina.
-¿Es periodista?
-Supongamos que sí.

Volteó su cabeza nuevamente hacia la calle, negándome la mirada. Sólo unos pocos segundos hasta que volviera a reaccionar.

-Bueno, entre nomás y quédese por aquí. Usted no me ha visto ¿eh? Pero prometame algo…
-Lo que diga…
-Saque fotos y muéstrele a todo el mundo, lo bonito que es mi país.

De un salto estaba en el lugar privilegiado. Entre colores, disfraces, bailes y música. Entre alegrías, amores, orgullos, devociones y esperanzas. Entre diablos y santos. Entre Tinkus, Morenadas y Caporales.

La fiesta parecía perfecta hasta que al final de día sucedió algo inesperado. Eran las seis de la tarde. Mientras congelaba el vaivén de las caderas de una señorita divisé a través el visor de mi cámara, que aquel policía que había sido mi cómplice corría calle arriba. Atrás otro y más atrás muchos más. Algo no estaba bien. Pregunté a un borracho que me dijo una frase incomprensible. Seguí indagando, hasta que di con un soldado.

Se acababa de caer un puente justo cuando por debajo pasaba la tradicional banda Poopó. Murieron cuatro personas: tres músicos y un transeúnte. Por supuesto, decenas de heridos. El desfile se cortó por completo. Las caras de éxtasis se convirtieron en muecas de preocupación. Supuse que era el final, que se suspendía. Fui hasta la terminal y tomé el primer autobús a Cochabamba. Al otro día me enteré de que la fiesta se había reanudado a las pocas horas y también que había continuado durante todo el domingo.

En ese momento recordé las palabras del borracho del día anterior: “El Diablo se cobró su carnaval”.

Con estas líneas y estas fotos, hoy, espero haber pagado mi promesa.

Carnaval de Oruro
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Carnaval de Oruro

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  1. “Mamita” es el término coloquial que se utiliza en Bolivia para referirse a la imagen de la Virgen María. Por ejemplo, la Mamita de la Candelaria o la Mamita de Copacabana.
  2. El Carnaval de Oruro fue declarado por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
  3. Las Fraternidades, es el nombre que se le asigna a lo que comúnmente llamamos “comparsas”, ellas se encargan de congregar y organizar un grupo de personas para participar activamente del carnaval. Componen sus propias canciones, diseñan sus ropas y sus coreografías.
  • Mariano Bugallo irandando.com

    Algunos dicen que es comunicador, otros diseñador. Él ama la música y caminar, por eso cree que su verdadera vocación es el movimiento. Disperso pero observador. Cada viaje le deja más preguntas que respuestas. Aún así, el desierto le enseñó que la prisa mata. La selva, que el todo y la nada son la misma cosa. La montaña, que lo imposible se logra poniendo un pie delante del otro. Y el mar, le enseñó que todavía le falta mucho por aprender. En eso anda, mientras fotografía y escribe en irandando.com

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