#MePasóViajando: Una mala elección de hospedaje

  • por Pablo García

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ada vez que le decía a alguien que iba de viaje a India, me decía: “tené cuidado con lo que comés”. Y es cierto, hay que ser precavido con las comidas en India porque las condiciones de cocción no son las mejores. Pero también es cierto que en un viaje largo, uno se cuida mucho los primeros días y luego algunas cosas se empiezan a naturalizar y los cuidados poco a poco se olvidan. Eso es justamente lo que me pasó cuando llegué a Varanasi.

Ya hacía un mes y medio que estaba viajando por India, había recorrido la costa oeste, Rajastán, algo del norte. Finalmente, llegué con un amigo viajero a la famosa ciudad del Ganges y los rituales. Al momento de buscar un alojamiento, buscamos un hostel barato y cerca del río porque nos interesaba la posibilidad de sacar fotos desde lo alto, sobre todo, de las ceremonias de cremación.

Llegamos así a Puja Guesthouse, ubicada en uno de los gaths sobre el río Ganges con un enorme horno de cremación. Según la tradición, todos los hindúes deben peregrinar hacia el Ganges al menos una vez en su vida y miles van a morir a esta ciudad tan mítica para que sus cuerpos sean quemados y sus cenizas arrojadas al río.

Caminamos fascinados una y otra vez por la orilla del Ganges viendo las inmersiones y las ceremonias que cada tarde se hacen en el lugar. Aprovechamos la terraza del hostel para sacar buenas fotos panorámicas de estas situaciones donde la religiosidad hindú se expone en su máximo esplendor. Pero cometimos un error: en esa terraza donde se veía todo tan lindo y que nos permitió tomar tantas fotos, también cenábamos o almorzábamos.

Aquí tengo que agregar un detalle importante: justo abajo nuestro, la pira de los crematorios ardía desde la salida del sol hasta el ocaso. Como ustedes saben, el humo sube… suben la cenizas que se vuelan mientras se queman…. Y nosotros comiendo allí. Mientras tomaba una cerveza y planificaba el viaje vi el exacto momento en que una ceniza, que volaba por el aire, caía justo dentro de mi vaso. Me estaba tomando un recién cremado del Ganges. Comenzaron entonces tres días críticos, estomacalmente críticos. Creo que no me los olvidaré en mi vida.

La diminuta habitación de Puja Guesthouse, no ayudaba. Apenas un ambiente con un bañito de un metro cuadrado y luego la habitación con una pequeña ventana que tenía un cartel, en perfecto inglés, pegado: “No abra la ventana. Cuidado con los monos.”

Fueron días complicados. No pude salir casi del baño y las emergencias estomacales se sucedían una a otra como una cadena sinfín. Mi amigo soportó estoico la situación durante el primer y segundo día. Pero al tercero tuvo una tentación: abrir la ventana para que corra un poco de aire. Era necesario, sin dudas… pero desencadenó una tragedia homínida: una decena de monitos se metieron en nuestra habitación en segundos apenas y empezaron a revolver todo. Agarraron la ropa, las cámaras, jugaron con todo. Mi amigo a los gritos y yo en el baño, sin poder ni siquiera pararme. No sabía si reír o llorar. Porque India es así, te cachetea y no para. Todo pasa en simultáneo: la tragedia y la comedia. Y así fue esta vez.

Me las ingenié para salir del baño en medio de la fiesta que los monos se estaban haciendo en nuestra habitación. La ropa estaba tirada por cualquier lado y los monos saltando de un lado a otro. Mi amigo queriendo espantarlos pero ninguno quería irse. Yo, con los pantalones bajos y en condiciones calamitosas, empecé a arriarlos hacia afuera. Abrimos la puerta de la habitación y listo: que se vayan por el pasillo del hotel. El conserje chocho: creo que fue la última vez que nos saludó.

Aquí mi consejo entonces: en India debes tener cuidado con la comida pero también, evitar cenar alrededor de un horno de cremación. Tu estómago te lo va a agradecer. Y si te dicen que tengas cuidado con los monos, hacé caso…. #mepasóviajando

  • Pablo García polviajero.com

    Profesor y viajero o viajero y profesor, en el orden que mas les guste. Lo social y la historia son sus pasiones y los motivos de sus viajes constantes ya sean reales o virtuales. Fanático de la literatura fantástica y de los museos, de mercados lejanos y charlas eternas. Después de haber dedicado algunos años a explorar latitudes lejanas, hoy viaja nuevamente por latinoamérica, su primer amor. Escribe en polviajero.com y en decenas de pizarrones, pero esa es otra historia.

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