El viaje de Maribel – Capítulo IV

  • por Ludmila Greco | Ilustración: Aonik

Día 15. Cañada de San Antonio.

Q

uerido diario:

 

Me levanté aturdida y mareada. Me pasó algo extraño y no tengo a quien contárselo. Sigo sola, bajo el mismo árbol esperando por Martincito, mi príncipe azul mochilero. Como no pasaba ningún auto, decidí sentarme a la sombra y aprovechar el tiempo para arreglarme las cejas. Por suerte, siempre tengo una pincita de depilar conmigo.

Se ve que por el calor, o por el aburrimiento, me empezó a agarrar sueño. No me pareció mala idea dormir una mini-siesta mientras esperaba por él, el love-of-my-life. Los ojos se me empezaron a cerrar y rápidamente me quedé profundamente dormida. Lo raro fue lo que soñé.

No sé si sabías que hice primer año de la carrera de Psicología. Después papi me dijo que no valía la pena esa carrera y que mejor aproveche el tiempo en algo más útil. Me anoté en Ciencias Económicas porque según papi era mejor. La universidad me parece imposible, los profesores hablaban en difícil y cada dos por tres tengo un parcial. No es como el “St. Hilda’s College”… Del cuatrimestre que cursé Psicología, lo único que me acuerdo es que los sueños eran trascendentales y creo que este sueño fue revelador. Sentí una conexión única.

Los blogs de viajes dicen que las señales del camino son importantes, dicen que uno debe escucharlas y ser intuitivo. Mi sueño me quiso decir algo, estoy segura. Marcó un antes y un después. Fue un viaje dentro del viaje y creo que en ese sueño corroboré que los viajeros tienen razón, la universidad mochilera es la que realmente enseña.

Bueno, querido diario, te voy a contar mi mágico sueño. ¿Estás listo? Soñé… Soñé… Soñé que ¡viajaba a la India! Pero lo curioso es que realmente sentí que estaba en India, fue muy real. Puro timing ¿Querés que te cuente cómo fue?

El sueño comienza conmigo mirándome en el espejo del baño. Vestía ropa de colores. Pañuelos de seda, pollera estampada y una camisola bordada. Llevaba el pelo recogido en una larga trenza y un puntito rojo adhesivo entre las cejas. Tenía pulseras y mis manos tatuadas con henna. Me miraba en el espejo y me gustaba mi nuevo estilo hippie chic. Porque cuando uno viaja a lugares tan especiales como India, uno debe adoptar la cultura local. Aunque en realidad las mujeres indias se visten de otra forma, sólo las turistas occidentales nos ponemos estas cosas. No importa, me sentí re auténtica. ¿Viste la última colección de Dolores Barreiro? Bueno, así, tal cual. Ese estilo, tipo Rapsodia.

¿Te cuento otra cosa? El baño no es como el que nos imaginamos. En vez de inodoro tienen un agujero en el piso que llaman letrina, y no se bañan con duchador sino que usan un balde y un jarrito para limpiarse. La habitación no es linda. La cama huele a humedad y está lleno de bichos. ¡Horror! Además cada vez que abro la ventana por los cables de luz de la calle veo un montón de ratas correr. Según papi esto es peligroso, pero sé que si quiero vivir una experiencia auténtica tengo que dormir en habitaciones así. “Vivir como los locales” es el lema que adoptamos con Marticito para el blog. Porque nosotros no somos turistas, somos mochileros. ¡Y no es lo mismo!

Al salir a la calle, en mi sueño, me encontré con un montón de vacas. Eran parecidas a las que viajaban en el camión de Antonio. Además de las vacas, había monos, mendigos y un montón de señores de barba y turbantes. Muchas viejas sin dientes me miraban y se reían de mí. Los hombres manejan unos taxis que parecían motos y se ofrecían muy amablemente a llevarme a dónde yo quería ir. Dicen los blogs que la gente es buena pero que hay que tener cuidado porque a veces no tienen buenas intenciones, pero estos señores eran puro corazón. Cada tres cuadras parábamos en el negocio de su primo o en las casas de sus amigos y ellos me mostraban un montón de objetos que tenían para vender. Además de permitirme ser parte de su cultura me hacían grandes descuentos. Me compré un montón de cosas en mi sueño, incluso una alfombra. Se la quería a regalar a mami para que la ponga en el living de la casa del country.

Con el señor taxista fuimos a hacer algunas excursiones. Me llevó al Taj Mahal y te juro que lo amé. Hicimos cosas muy divertidas, como snorkeling en el río Ganges y una visita a un palacio que eran de un Maharaji, un príncipe hindú. Ahí me disfracé de princesa y me hice un book de fotos (estoy pensando en abrirme un blog personal para dar tips de moda para mujeres mochileras. El primer artículo ya lo pensé… Va a ser sobre la copita menstrual. Pero !shhh! Martincito aún no lo sabe). Vuelvo al sueño: al mediodía le pedí al taxista que me lleve a un restaurant a comer. En realidad, le dije a un mercado. Porque según los blogs es mejor comer ahí. Es más barato y auténtico. Almorzamos arroz con unas salsitas, creo que se llamaban currys. ¡OMG, no sabes lo que picaba! Además no había cubiertos y tuve que comer con la mano. Otro aprendizaje del camino. El problema es que los granitos de arroz se me caían y quedaban todos metidos adentro del corpiño. ¡Un asco! Las salsitas picaban tanto que solo pude comer el arroz blanco. La culpa fue mía igualmente. Le pregunte al señor cocinero si era picante e hizo un gesto raro con la cabeza. Parecía que decía que no, pero según leí en un post que se llama “10+48 cosas que debes saber si quieren viajar a India por primera vez como verdadero mochilero” decía que cuando los indios hacen “no” con la cabeza significa “sí”. ¡Soy una viajera despistada sin remedio, jaja!

Después de comer le pedí al señor del ricksaw (así se llaman los taxi-moto) que me llevé a algún templo. Necesitaba meditar, conectarme con mi esencia, self-control. Los ashram son un poco más feos que los de Buenos Aires, nada que ver con el centro del Arte de Vivir que visité con Mechi en el country de Pilar. Pero no me importa, porque soy una viajera 24×7. ¡Es que India es tan mágica! Es imposible estar ahí y no hacer un click. La gente es tan hospitalaria. Amé meditar con sahumerios y almohadones. Me sentí tan Julia Roberts en “Comer, Rezar y Amar”, mi peli favorita junto a “Tienes un e-mail”.

Después me desperté. Fue raro, porque no sabía dónde estaba. Si en Cañada de San Antonio, si en India o si en Zona Norte. El sueño fue muy real. Amé verme vestida con otra ropa, amé meditar en los templos. Realmente fue una conexión muy profunda. Siento que mi sueño me quiso decir algo. No sé muy bien qué me quiso decir, pero sé que estoy haciendo lo correcto. Tengo que vivir según mis sueños, tengo que creer en un mundo mejor. El sueño fue un paso más en mi camino espiritual. A partir de ahora voy a empezar a saludar a todos diciendo Namasté. ¡Papi, estoy tan madura últimamente!

Cuando me encuentre con Martincito y mi compu, ya sé cuál va a ser mi primer artículo para nuestro blog “El Camino Enseña”. Quiero escribir una carta, una carta a mi misma para cuando visite India. Tengo que ir, es un must to do en la vida de cualquier viajero.

Lo raro fue que en el sueño no estaba Martu. ¿Luisa tendrá razón? No, no y no. Él es el amor de mi vida. Pero yo sé por que no estaba en el sueño. Nos habíamos peleado. Una pelea de parejas, en el articulo de “¿Cómo es viajar en pareja? Consejos para no morir en el intento” dicen que es común pelearse en el camino. Pero que hay que hablar mucho para poder estar bien. Pero yo sé por qué nos habíamos peleado y eso no se lo voy a perdonar jamás. ¿Sabes qué me había dicho en mi sueño? Me dijo que había estado pensando en nuestro proyecto solidario (porque todos los blogs viajan con un proyecto solidario). Dijo que tenía una idea genial: Parrilandia around the world. Lo que escuchás. Viajar con una parrilla portátil para ir regalando hamburguesas y chorizos a la gente que conocimos. Es más, me dijo que ya había hablado con “El Príncipe de las achuras” para que sea nuestro sponsor. Yo estaba indignada. ¿Acaso se había olvidado de mi veganismo? Pero prefiero pensar que no era por eso que no estaba en mi sueño. Como recomendación dicen los blogs que es bueno separarse en algún momento del viaje. Quizá yo estaba creciendo dentro mi espacio personal y Martincito estaba en un cyber actualizando el blog. ¡Es todo un filósofo escritor trotamundos nómade!

Querido diario, ¿Qué es eso? Parece música, cumbia precisamente, a todo volumen. Voy a ir a la banquina a ver de qué se trata. Mi corazón late muy fuerte, debe ser un presentimiento.

¿Puede ser que este sonando eso? Si, si, si. OMG. Está sonando nuestro tema.

“Yo quiero que
me toque una
cumbita,

yo quiero que la
baile Maribel.

Quiero ver su
graciosa figurita,
moviendo los pies”

Ahhhh, No lo puedo creer. Es el camión de Antonio y viene con alguien sentado en el asiento del acompañante. Está sacando la mano por la ventana para saludarme.

¿Es él? ¿Es mi Martincito? El camino enseña y ayuda, y él está viniendo hacia mí, como siempre me prometió. No lo puedo creer.

 ¿Qué? Ay, noooo, me quiero morir. Tengo una ceja depilada y la otra no. ¡Horror! Martín no me puede ver así. ¡Tengo que hacer algo!

maribel 4

  • Ludmila Greco mochilasenviaje.com

    Los papeles dicen que es psicóloga pero ella se siente más viajera que licenciada. Sin embargo, algo del conocer y comprender al ser humano se entremezcla en cada uno de sus viajes. Apasionada por la lectura y la escritura puede pasar horas sin levantar la vista de un papel. Se contenta con aprender a decir gracias en un nuevo idioma y hasta ahora, no puede leer un mapa al derecho. Tampoco se cansa de intentar construir un mundo mejor. El modo que encontró de hacerlo es junto a Lucas. Ambos escriben en mochilasenviaje.com

  • Aonik Ilustradora

    Apasionada por el dibujo desde que tiene memoria. Desde chica soñó con poder dibujar personajes y crear historias como las que veía en televisión. La cultura japonesa en particular fue su gran fuente de inspiración e impulsora de su carrera artística. Mayormente autodidacta, aunque recientemente se recibió como Diseñador de Ilustración en la Universidad de Palermo. Pueden ver sus trabajos en aonik.deviantart.com/gallery/

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