Naturaleza en Pirineos

  • por Ignacio Izquierdo

L

a montaña siempre ha tenido su reducto de incondicionales, unos locos que llegan a lugares donde el único medio de transporte admisible son los propios pies. Pasos que se pierden en sendas, caminos y rocas, y que resoplan al no dejarse amansar por las cuestas. Músculos que, incapaces de rendirse, acaban dominando macizos, trayendo consigo no solo la satisfacción de haberlo logrado, sino también la vista de paisajes bellos, reductos de pura naturaleza en alguna de sus más apoteósicas presencias.

Ignacio01Y ahora que tanto miramos más allá de nuestras fronteras a panoramas que ciertamente nos dejan sin habla, no está de más asegurarnos que nos hemos dejado otros comparables más cerca de casa. En España tenemos la suerte de tener una gran cantidad de montañas y cordilleras, y algunas como Picos de Europa o Pirineos son fuente inagotable de rutas, de descubrir valles, picos y encontrarse con algunos momentos épicos. No se asusten, que esto no implica que sea necesario un curso de supervivencia, ni un equipo técnico tremendo, ni siquiera una cohorte de sherpas. Lo bueno de la montaña es que hay rutas para todos los gustos y para todas las dificultades: desde paseos aptos para toda la familia, rutas que exigen todo lo que tienes y la épica de hacer cumbre en picos imposibles. Se puede caminar ligero y con un poco de previsión preparar recorridos de refugio en refugio, donde te espera un plato caliente al final de la jornada y la comodidad de no tener que cargar ni con tienda ni con utensilios de cocina, a cambio, probablemente, de que haya quien acompañe tus noches con una respiración más profunda de lo normal a la hora de dormir.

Músculos que, incapaces de rendirse, acaban dominando macizos, trayendo consigo no solo la satisfacción de haberlo logrado, sino también la vista de paisajes bellos, reductos de pura naturaleza en alguna de sus más apoteósicas presencias.

Obviamente uno de los imprescindibles, especialmente pensándolo para dentro de unos meses, cuando el otoño esté en su plenitud, sería recorrer Ordesa en el Pirineo Aragonés. Ese valle glaciar de inconmensurables dimensiones y tan suavemente tallado por el hielo durante milenios es imbatible en belleza. Hay mucha magia en sus laderas y hay mucho esfuerzo y sudor en recorrerlas. Avanzar por su profundidad hasta encontrarse con la Cola de caballo es un regalo para los sentidos, pero si uno se siente con fuerzas después de un buen desayuno lo recomendable es afrontar con las energías mañaneras el recorrido que asciende (sin piedad, eso sí) por la senda de los cazadores. Una subida interminable a través de un bosque para llegar a uno de los miradores más increíbles que la mente puede imaginar. Son esos momentos, sentado con un bocadillo sobre una roca y ante la inmensidad los que hacen olvidar de inmediato el esfuerzo

Desde allí todo es llanear hasta encontrarse con la ya nombrada Cola de caballo. Uno podría volverse caminando por el centro del valle y parando a admirar las gradas de Soaso, pero ya que se ha llegado hasta allí, ¿por qué no disfrutarlo un poco más? Se puede subir hasta el refugio de Góriz y hacer noche bajo un manto de estrellas antes de lanzarse a descubrir un Ordesa menos conocido, como también llegar a la Brecha de Rolando o si el tiempo lo permite, subir al pico del mítico Monte Perdido donde las vistas simplemente te dejan sin aliento (y no solo por el frío). 

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Desde allí todo es llanear hasta encontrarse con la ya nombrada Cola de caballo. Uno podría volverse caminando por el centro del valle y parando a admirar las gradas de
Soaso, pero ya que se ha llegado hasta allí, ¿por qué no disfrutarlo un poco más? Se puede subir hasta el refugio de Góriz y hacer noche bajo un manto de estrellas antes de lanzarse a descubrir un Ordesa menos conocido, como también llegar a la Brecha de Rolando o si el tiempo lo permite, subir al pico del mítico Monte Perdido donde las vistas simplemente te dejan sin aliento (y no solo por el frío). 

Si nos vamos al alto Pirineo de Lérida, podemos hacer rutas más largas, de esas que valen no solo para desconectar durante un rato, sino para olvidarte del mundo durante unos días y hacer del caminar tu día a día. Por ejemplo, se puede uno lanzar a la ruta circular de Carros de Foc, una de las más populares a la que hay que llegar con buen ánimo. En un lado del ring 56 kilómetros y 9000 metros de desnivel acumulado, en el otro paisajes de ensueño, más lagos de los que puedas asimilar, picos que se enrojecen al atardecer y decenas de valles que atravesar. 

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Hacer rutas más largas, de esas que valen no solo para desconectar durante un rato, sino para olvidarte del mundo durante unos días y hacer del caminar tu día a día

El recorrido, que generalmente se hace por la gente normal en cinco o seis días, también fue durante años cita de Supermanes que lo recorrían a la carrera en un trail que había de ser completado en menos de 24 horas. Una locura que ya sube de nivel, dejando de un lado el disfrute más calmado de la montaña para buscar los límites de uno mismo. Precisamente esa búsqueda dejando de lado el deleite de la montaña hizo que los organizadores la suspendieran el año pasado, una decisión entendible, aunque deja récords para la historia con skyrunners que tardaron menos de 12 horas en completarla. 

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Por mucho que estos titulares desafiando la normalidad tengan buen bombo, a la montaña le resulta indiferente estos minúsculos récords. Ella está ahí para que cada cual la admire a su ritmo, a su velocidad, deteniéndose en sus pliegues, en sus matices. En momentos como el encontrar oculto tras los valles, el refugio J.M. Blanc al atardecer, rodeado de agua y sentir que has llegado a tierra de elfos. Busca tu camino, busca tus rutas y disfruta de esos rincones alejados de todo, pero al alcance de unos días a pie. Asómbrate y maravíllate, quedan muchos rincones a los que llegar y aunque ya hayas pasado por allí, recuerda que desde ese otro pico, desde esa otra ladera, desde la infinidad de posibilidades que ofrece la caprichosa orografía siempre habrá lugares que no habías visto antes. 

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  • Ignacio Izquierdo

    Ingeniero reconvertido a fotógrafo, lleva más de 10 años haciendo fotos y documentando muchos viajes, intentando entender y comprender lo incomprensible de este mundo. Ama la montaña, la naturaleza y la hora mágica por encima de todas las cosas.
    Cuenta sus historias en www.ignacioizquierdo.com/blog

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