El viaje de Maribel – Capítulo V

  • por Romina Marelli | Ilustración: Aonik
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iiiiiiiii!!!!!, era efectivamente Martincito. Nuestro abrazo fue eterno, ¡y olía a heces de vaca!
¿Cómo empezar a contarle toda la odisea que viví durante el tiempo que estuvimos separados? Ya tendré tiempo, pero algo es seguro: él nunca sabrá lo que me dijo Luisa (la vidente, ¿será por los pocos dientes?, bueno, eso que me dijo, nunca se lo contaré).

Martincito me tomó de la mano y me dijo “Sigamos nuestro camino”. ¡Por fin vamos a tomar un taxi rumbo a algún hotel 5, 6, 7, 8 estrellas! No veo la hora de zambullirme en un jacuzzi de 2 plazas.

Pero…. ¡Horror! Sacó su dedo pulgar del bolsillo de la campera como dando un me gusta a la carretera. ¡Pobre! Tantas horas sin mí y cree que la ruta es una tablet. Pero no, me dijo que quería hacer dedo, que es una forma de seguir viajando conociendo gente del pueblo. Mi mandíbula cayó unos cuantos metros underground, pero suspiré y me dije, «esto es viajar con estilo hippie chic» y le seguí la corriente.

Después de unas cuantas horas en el mismo lugar le comenté si no quería llamar un auto por  uber, por si no quería gastar mucho en taxi, pero su mirada me lo dijo todo, sonreí y le dije “¡Mala mía! ¡Ups!”.

Me dormía sentada hasta que un auto nos hizo luces y paró. Nos preguntó hacia donde nos dirigíamos y Martín le dijo que su camino era genial para nosotros. Yo le apreté la mano con miedo y él me guiñó el ojo, así que me relajé. En ese momento supe que conocía al señor, uff, el mundo es un pañuelo.

Nos subimos, yo me senté atrás, y comenzaron a charlar, en aquel instante me di cuenta de que Martín me había engañado, porque se presentaron. No se conocían.

José, nuestro chofer, nos dijo que iba camino a Córdoba por la ruta 9, se dirigía hacia Cosquín un pueblo donde se reunían para escuchar a un montón de cantantes famosos, se comía rico y se la pasaba muy bien. Me pareció interesante, pensé que si la suerte me acompañaba por ahí podía conocer a Katy Perry, pero eso fue lo último que escuché ya que me vencía el sueño e intenté retomar mi sueño de India.

Me desperté, no sé cuánto tiempo pasó. Esta vez mi sueño me asustó un poco, fue así: estaba en un campo minado, era una competencia olímpica, debíamos atravesarlo con mi rival que era María Pía, una chica de la facu que siempre me envidió. Las minas eran muy extrañas ya que, en unos casos explotaban heces de vaca y, en otros, pokemones rosas que te daban puntos (las heces te restaban). Utilicé todas mis armas de seducción para encantar a los jurados ¡pero adivinen!, quedé marrón caca y María Pía llevaba un montón de pokemones en sus brazos… ¡por suerte  mi estómago me mandó señales y me desperté!

Martín me estaba mirando con sus ojitos encantadores y me dijo que ya habíamos llegado, mi alegría fue inmensa. José me saludó contento también.

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Tuvimos varios problemas en el momento de elegir la comida, olía a carne asada por todos los puntos cardinales. Decidí comer frutas y Martín un sándwich completo de bondiola, fue muy gracioso escuchar al vendedor llamar en chiste al sándwich como mondiola. Qué simpáticos suenan todos en este país.

Caminamos bastante hasta que pactamos una noche en la casa de una señora de familia que nos ofreció unas camas y desayuno, no fuimos a un hotel porque, según todos, no había lugar donde alojarse por el festival.

Charlamos bastante con Martín, le conté casi todo y no nos soltamos de la mano casi en ningún momento. Él hablaba con todo el mundo así que terminamos en un fogón. Sí, imagínense, yo sentada con olor a humo escuchando a un peludo tocando la guitarra mientras todos desafinaban, ¡horror!, pero creo que me tendré que acostumbrar a los malos cantantes.

Era tarde y nos fuimos a dormir, por fin me iba a acurrucar a mi amor y así compartiríamos nuestros sueños, pero para mi sorpresa terminé en un colchón en el piso entre dos camas que ocupaban dos niños de cuatro y siete años. ¡Terrible!, el más chico lloraba sin parar y el mayor me miraba con asombro y no paraba de hacerme preguntas indiscretas como “¿Qué edad tenés, piba?”

Mientras que Martín dormía en el comedor el sueño me volvió a ganar.

Al despertar me dirigí hacia la cocina luego de asearme en un baño que estaba afuera de la casa. Mi desayuno era mate cocido con tostadas, no sé cuánto más podré sobrevivir sin croissants.

Nos despedimos de la familia que no paraba de sonreírnos, muy amables por cierto, y nos fuimos sin un destino pactado. No sé qué se trae entre manos mi amor, pero no dudo de que me va a sorprender.

  • Romina Marelli cruzarlapuerta.com

    Todo empezó gracias al amor,  comenzó a escribir en cuadernos soñando que se transformaran en libros. Creció con la idea de sanar heridas y se recibió de Licenciada en Instrumentación quirúrgica. Estudió varios años farmacia pero su pasión por la familia y viajar hizo que tomara la mejor decisión de su vida: dedicarse a esos dos últimos. Le encanta volar haciendo acrobacia en telas, fotografiar momentos únicos de sus viajes  y colaborar en el blog cruzarlapuerta.com. Otro Mapa encierra todo lo anterior.

  • Aonik Ilustradora

    Apasionada por el dibujo desde que tiene memoria. Desde chica soñó con poder dibujar personajes y crear historias como las que veía en televisión. La cultura japonesa en particular fue su gran fuente de inspiración e impulsora de su carrera artística. Mayormente autodidacta, aunque recientemente se recibió como Diseñador de Ilustración en la Universidad de Palermo. Pueden ver sus trabajos en aonik.deviantart.com/gallery/

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