Viviendo bajo el arcoíris

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.”

Historia de dos ciudades, de Charles Dickens

L

a desnudez de ellas dos resaltaba en el medio del frío. Con sus duros pezones y su abundante vello púbico se movían con total naturalidad entre personas abrigadas con dos pares de medias y gorros para tapar las orejas. Esa noche de frío y lluvia, donde todos se amuchaban alrededor del fuego, su piel descubierta me hacía pensar en la locura. ¿De eso se trata las Rainbow Gatherings? ¿De romper estereotipos, salir del sistema, vivir en comunidad, ser hermanos? A veces algunas ideas se van de las manos. Pero lo cierto es que acá hay libertad para que cada uno haga lo que quiera. Como pasear desnudo en la noche con bajas temperaturas.

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Esa Rainbow en particular se realizaba en el norte de la pequeña Lituania, casi en el límite con Letonia. Al llegar, lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de autos y caravanas estacionadas donde abundaban carteles contra Putin, como si fuera el único político en la faz de la tierra. Desde ahí hasta el campamento me esperaban más de cuatro kilómetros caminando que sólo prometían embarrarme bajo una leve lluvia.

Cuando llegué cansado por el peso de la mochila, salió a mi encuentro una chica de cara mofletuda con flequillo y anteojos. Me sorprendió con un abrazo prolongado, un te amo y me terminó dando la bienvenida convidándome un poco de té bajo un techo improvisado con un nylon. Mientras bebía de a sorbos el té caliente la chica me daba ánimos para el kilómetro que todavía me faltaba.

-Hoy hay luna llena. Es la noche más importante del encuentro. Hay alrededor de mil quinientas personas –me dijo haciendo una introducción de lo que me deparaba.

Esperé que la lluvia parara un poco, me despedí de la amiga regordeta, me calcé la mochila y seguí avanzando. En las praderas de los costados ya se empezaban a ver carpas aisladas y gente que con una sonrisa me daba la bienvenida. Algo innegable de estos encuentros es que te hacen sentir parte de lo que ellos llaman familia desde el primer momento. Todos son la familia, todos forman parte. Una de las pocas reglas que tienen es que no existe la jerarquía, y no existen los líderes. No hay membresía, no hay reglamento oficial. El primer encuentro fue gracias a los hippies de Estados Unidos en la década del setenta y hasta hoy se mantiene y se realiza por todo el mundo. Hay encuentros nacionales, continentales hasta incluso mundiales.

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La gente que participa viene de todas partes del globo y son de todas las edades. Desde bebés que van dando tumbos entre las hierbas hasta mayores de setenta años vestidos con la mayor cantidad de colores posibles. Todos juntos, conforman lo que ellos llaman una gran familia, y se juntan cada año para festejar, cantar, comer, meditar y bailar.

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Fooood Circleeee

El grito se iba propagando entre las distintas carpas. Era el primer llamado para juntarse a comer. Nadie se movía. Todos seguían con sus actividades. Recién al tercer llamado empezaban muy lentamente a acercarse al fuego sagrado. El bullicio se hacía notar por la cantidad de gente. A medida que íbamos llegando nos acomodábamos en un gran círculo. Se juntaban las manos con los de al lado y se comenzaba a recitar canciones y rezos como si de una misa se tratase. Se formaban dos círculos concéntricos que terminaban cuando la comida llegaba. En ese momento reinaba el silencio y sólo se escuchaba el omm intenso de toda la familia. Toda la meditación se rompía con grandes gritos y la comida se empezaba a servir. Todo es vegano, incluso hay propuestas para los que sólo comen comida cruda.
Para finalizar, músicos y acróbatas comienzan una caravana siguiendo al sombrero mágico. Es el lugar donde cada uno hace su aporte monetario que se utiliza para comprar lo necesario, principalmente comida.

La luna llena

Al terminar de cenar, nadie estaba en bolas, salvo aquellas dos chicas inmersas en su locura. Yo tenía frío, incluso tenía una campera puesta. Pero en cuanto se corrieron las nubes y asomó una redonda luna llena se armó un gran fuego. De esos fuegos grandes que hay que correrse bastante para atrás y así no empezar a sudar.

Los tambores empezaron a sonar y la ropa empezó a desaparecer. La negrura de la noche era iluminada por una luna enorme y los cuerpos desnudos brillaban transpirados alrededor del fuego. Contorsionándose con sus pasos de baile, como si se tratase de un estado de trance o frenesí impuesto por el tamaño de la luna llena. La gente bailó sin ropas hasta el amanecer.

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El sol

Recién al quinto día salió el sol, y aquellas dos chicas desnudas ya no eran las únicas. Todos andaban sin el menor pudor. Como la pareja de checos que encontré en el lago.

-Si preguntás sobre qué es la Rainbow, cualquiera de los acá presentes te dará una respuesta distinta. Rainbow representa los 7 colores del arcoíris, donde todo tiene lugar y todo es válido siempre y cuando no falte a los derechos de otra persona, de un animal o de la madre naturaleza. –me dijo él.

Es difícil hablar con alguien en pelotas. Ellos estaban desnudos pero era yo el incómodo.

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-Para mí es una gran familia. Todos somos hermanos y hermanas. Pero para mí es imposible que toda la gente viva así, siempre van a existir al menos dos mundos y van a pelear entre si. Nuestra arma es el amor, la de ellos el dinero. –acotó ella.

-En el trabajo o en la escuela siempre te van a atacar o contestar a la defensiva. Todos tienen miedo de todos. Todos se sienten inseguros. Acá tratamos de que eso no exista. Somos todos iguales, el que viene hace 30 años como el que acaba de llegar. Los grandes y los chicos. Todos tenemos algo para decir y es lo lindo de vivir en comunidad. – Continuaron ambos luego de zambullirse en el lago

Hay algo de idealización en estos lugares por parte de los participantes. No todo es tan color de rosas, unos días atrás un inglés empastillado (sólo están permitidas las drogas naturales) había entrado violentamente a la carpa de unos suizos mientras dormían. Para contenerlo lo ataron a un árbol y llamaron a la policía. También hubo denuncias por robos, porque faltaban cosas de la carpa, sobre todo dinero.

Desde el lago hasta el pueblo no había muchos kilómetros de diferencia, los caminé por un sendero arbolado. Si algo tienen estos encuentros es que suelen estar ubicados en paraísos naturales. Cuando llegué encontré una larga fila de gente de la Rainbow para comprar comida en el único almacén del pueblo, que además proveía de wifi. Una chica me convidó halva. Un producto parecido a lo que en Argentina se conoce como Mantecol pero a base de semillas de girasol. La chica resultó ser colombiana.

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-A mí me fascina vivir de Rainbow en Rainbow, como nómada, viajando por todo el mundo. Pero es verdad que en las Rainbows europeas se nota mucho el individualismo. Cada uno cuida su propio espacio. En Latinoamérica eso no pasa. Todo se mezcla más, y el sentido de hermandad es más fuerte. Mismo acá, los europeos, no se mezclan con la gente del lugar. Al pueblo sólo van a comprar cervezas (está prohibido tomar alcohol en el campamento), pan y queso (también está vedado por no ser comida vegana) o utilizar internet (tampoco se permite el uso de aparatos tecnológicos). En Latinoamérica, en cambio, hacíamos música, teatro o malabares en los pueblos. Los europeos viven en su burbuja. Vienen, arman su carpa, viven entre ellos y se van dejando atrás por lo general el lugar bastante peor de cómo lo encontraron.

En esa Rainbow europea éramos en total cinco argentinos con ganas de tomar mate. Era de noche, teníamos todos los elementos, solamente necesitábamos un fuego donde calentar nuestra agua. Desparramados por todo el campamento había casas de té donde suele abundar el fuego. Poner una ollita para nosotros fue misión casi imposible. Cada grupo cuidaba celosamente su fuego y no nos dejaba calentar agua. Parecía ridículo que en un encuentro al que se va con la idea de compartir todo te nieguen una llama. Tal vez, la chica colombiana tenía razón.

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Lo que es raro

La Rainbow podría ser vista como un campamento de hippies que se pasean en pelotas, algunos fuman porro y se juntan a comer formando un gran círculo, pero decir eso sería quedarse con la cáscara. Se trata más bien de transmitir ciertos valores como iguales y sobre todo amor desinteresado.

Los participantes tienen un perfil definido. Buscan escapar a los estándares del mundo contemporáneo. Viajan más para conocerse a sí mismos que al entorno que los rodea. Viven el día a día y no tienen grandes planes hacia el futuro.

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En la Rainbow todos hablan inglés. Eso habla también de cierto nivel de educación de los participantes. No están desprovistos de toda enseñanza o arrojados a las calles buscando sobrevivir en un mundo rudo, sino más bien son personas con educación universitaria que se dieron cuenta de que el mundo tal como está planteado no les gusta y ven en estos encuentros una alternativa.

A pesar que le falta mucho camino por andar, que a veces surgen las mezquindades y logrando entender que cada uno tiene un trasfondo en base a su historia, estos encuentros plantean una alternativa, que no es perfecta, pero sí muestra que otra forma de relacionarse es posible.

Rainbow es algo extraño y ajeno a los ojos del hombre moderno de ciudad. Es estar un mes en el medio de la nada, bañándose en un lago, haciendo necesidades en un pozo de tierra. Es raro, pero también es raro no saber el nombre del vecino de enfrente.

  • Lucas Fernández Canevari mochilasenviaje.com

    De chico los libros lo indujeron a una vocación, ser detective. Algo que hoy ejerce, pero cómo detective de otras culturas, de otras maneras de concebir el mundo. Para lograrlo cree que hay tres elementos que son indispensables: el viajar, la lectura y la fotografía. Como todo detective goza de buena memoria, pero la malgasta recordando resultados de los mundiales de fútbol. Parte de sus ideas las escribe en mochilasenviaje.com junto con su fiel compañera Ludmila.

Showing 2 comments
  • Dani Keral
    Responder

    Felicidades, Lucas, tenía muchas ganas de leer tu crónica sobre la Rainbow y me he encontrado con un relato limpio y claro sobre el encuentro. Desconocía su existencia, si te soy sincero, pero es toda una sorpresa descubrir un lugar y un evento así.

    Quizá algún día decida verlo también con mis propios ojos… aunque por lo leído, intentaré no hacerlo en Europa.

    Un abrazo!

    • Lucas Fernández Canevari
      Responder

      Gracias Dani, las experiencias siempre son muy subjetivas. La verdad que nunca busqué la Rainbow, sino que la encontré. El verano pasado se hizo una grande en España.
      Pero por ejemplo la chica que sacó las fotos, le gusta, se organiza y trata de ir a la mayor cantidad de encuentros posibles. En fin, creo que es algo tan amplio que encierra muchos gustos distintos.
      Abrazo grande!

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