Una literatura del camino

  • por José Alejandro

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo

lleno de aventuras

lleno de experiencias.”

T

odos los caminos evocan la idea del viaje. Pueden ser caminos de polvo o de asfalto; caminos con vistas o blancos y helados como en el Ártico; caminos de mar, de letras, de esperanza. El camino es el espacio del tránsito. Está fijado como tópico literario desde la Antigüedad. El Homo viator, el hombre viajero y el camino como existencia, es una forma de explicar qué es la vida, y, ¿acaso no viajamos para eso, para descubrir qué es la vida?   

Mi obsesión por los caminos llegó con Roberto Bolaño y el manifiesto infrarrealista. Su final me sigue sacudiendo como en el primer día: “Déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos”. Y me lancé a los caminos. En ese manifiesto, Roberto Bolaño (un loco), junto a Mario Santiago Papasquiaro (dos locos) y el resto de poetas mexicanos del infrarrealismo (todos locos), habla de romper con la tradición para buscar una expresión propia. Y hay que estar ciego para no ver en este mandato de renuncia una revelación, o una justificación.

letrero con la palabra libertad

Pero antes estuvo André Breton. Fue en la Europa del Surrealismo. En aquellos años el francés escribió: “Dejen Dada/Dejen su esposa, dejen su amante/Dejen sus esperanzas y sus temores/Abandonen a sus hijos en medio del bosque/Suelten el pájaro en mano por los cien que están volando/Dejen si es necesario una vida cómoda, aquello que se les presenta como una situación con porvenir/Salgan a los caminos.” Los infrarrealistas también se miraron en la generación beat, y del reflejo resultaron los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Imprescindible mencionar a Jack Kerouac, y al resto de poetas y “hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo dedo, harapientos, beatíficos, hermosos, de una fea belleza beat.”

El Homo viator, el hombre viajero y el camino como existencia, es una forma de explicar qué es la vida, y, ¿acaso no viajamos para eso, para descubrir qué es la vida?

Todo camino tiene un origen

El primer camino se recorrió en verso: es el retorno a casa de Ulises que canta Homero. Más tarde, Dante inauguró la poesía en lengua vulgar con el primer verso de la Divina Comedia: “En medio del camino de nuestra vida, me perdí por una selva oscura.” Desde el principio, en el camino, encontramos aventura y melancolía. En el camino podemos perdernos; pero es la única opción.

Decía Luís Antonio de Villena –otro poeta, otro loco- que viajar era el signo de una infelicidad profunda. Parecía que hablaba de Ismael, cuando, en realidad, hablaba de tantos otros. Hablaba también de mí. “Llamadme Ismael”, pedía el personaje de Moby Dick al comenzar a explicar su historia y revelarnos que viajaba cada vez que en su alma había un noviembre “húmedo y lloviznoso”. Ismael zarpaba en el primer barco que podía. Sus caminos estaban hechos de mar y eran remedio a la tristeza.

caminos literarios otro mapa

La infelicidad también está detrás del camino que emprenden Don Quijote y Sancho. Ambos infelices, aunque optimistas. Don Quijote imagina un mundo mejor, un mundo en el que Sancho cree. Don Quijote es caballero andante, así que su lugar es el camino. Pero antes de lanzarse a los caminos, Don Quijote es Alonso Quijano. Su camino empieza en los libros de caballería que lee en su biblioteca.

Hay libros de viajes y hay literatura de viajes. Los primeros tienen voluntad notarial, mientras que los segundos buscan una expresión literaria del viaje. Son con los que me quedo.

Tipos de caminos

Don Quijote recorre dos de los tres diferentes caminos que existen: el físico y el imaginario, demostrando que no son opuestos, sino, complementarios. Hoy en día, además, hay caminos virtuales que comienzan en Google –a cambio, todo es visto y oído, todo es medible, incluso tu lectura ahora mismo-. Si el camino se transita en el espacio, se hace también en el tiempo, y se representa en los mapas. Hay coleccionistas de mapas que jamás salieron de su habitación. En cambio, si el camino se transita en lo imaginario, entonces, también se escribe, y se representa en los libros. Hay libros de viajes y hay literatura de viajes. Los primeros tienen voluntad notarial, mientras que los segundos buscan una expresión literaria del viaje. Son con los que me quedo.

rayuela otro mapa

Ha habido grandes viajeros que también fueron escritores. Tal vez, sea Kapuscinski el modelo de estos últimos. Los caminos se abordan a partir de tres percepciones: desde “el otro”, que Kapuscinski definió como el interlocutor que nos permite conocernos, aquel que como decía Proust nos permite “ver el universo con otra mirada”; desde los sentidos con los que observamos el paisaje, que, en palabras de Carlos Muñoz Gutiérrez en El paisaje habitado, es lo que nos desvela una presencia;  y desde la introspección, ese viaje vertical que nos da una identidad en relación a lo que sentimos y recordamos.

Don Quijote recorre dos de los tres diferentes caminos que existen: el físico y el imaginario, demostrando que no son opuestos, sino, complementarios. Hoy en día, además, hay caminos virtuales que comienzan en Google.

caminos de la Patagonia otro mapa

Láncense a los caminos

Desde el mandato de Roberto Bolaño que me veo en el camino. Dejé un pájaro en mano por mil y he sido un detective salvaje, un surrealista encendiendo bombillas al sol, un hipster loco sin dormir en autobuses rotos, un caballero andante, he escuchado cantos de sirenas, me he perdido con mapas, he luchado contra mis propios fantasmas, he buscado en Google y en mis propios recuerdos, he visto paisajes que me hablaron del infinito, he llenado cuadernos con letras apretadas, he guardado una bibliografía como un tesoro: es la literatura del camino la que me ha enseñado que, como decía Saramago, las vidas no comienzan cuando las personas nacen, sino cuando echan a andar. Por eso, digamos todos con Kavafis: Cuando emprendas tu viaje a Itaca/pide que el camino sea largo/lleno de aventuras/lleno de experiencias.” 

  • José Alejandro Adamuz Hortelano
    José Alejandro Adamuz Hortelano

    Entre sus defectos está el ser miope, disléxico y periodista. Sólo tiene una virtud: vivir a toda letra. Le gusta ver cómo reaccionan las palabras cuando las junta entre sí. Escribe en Ahora Toca Viajar, que su casa, y en la casa de otros muchos. El resto es mentira.

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