• por Dani Keral

S

eamos sinceros: los destinos no serían nada sin ellos. Ese ansiado lugar de destino, aquel al que se quiere llegar cuando se programa un viaje, es el que siempre se lleva el protagonismo y la mayor cantidad de horas, fotos, suspiros y palabras. Pero ese otro integrante del viaje, el camino, es casi siempre el olvidado.  

caminos sensoriales dunas en el desierto

En un mundo en el que los tiempos destinados a disfrutar de nuestra propia vida se ven invadidos, cada vez más, por aquellos en los que tenemos que estar rindiendo cuentas a nuestras obligaciones,  los escasos momentos del año en los que viajamos se reducen a una simple sucesión de destinos (sino a uno solo) más que a una combinación de la experiencia, casi simbiótica, de camino + destino.

Los caminos, en todo viaje, tienen la naturaleza de lo efímero. Y en estos tiempo actuales, más aun.

caminos sensoriales rodadas en el barro

Para Kavafis, el destino final no se entiende sin su camino. Las bellezas, la riqueza, lo bello de Ítaca no es Ítaca en sí misma, sino la ruta que se emprende hacia ella.

Hoy voy a dedicarle todas mis palabras al “camino”, esa parte tan importante de la experiencia viajera que ya tuvo un firme defensor en la figura del griego Konstantinos Kavafis en su famoso poema Ítaca, del que extraigo algunas estrofas.

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias(…)
(…) Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
(…) Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Para Kavafis, el destino final no se entiende sin su camino. Las bellezas, la riqueza, lo bello de Ítaca no es Ítaca en sí misma, sino la ruta que se emprende hacia ella. 

Cogiendo un vuelo directo a Ítaca creemos que lo tendremos todo, pero sin el “hermoso viaje a través del cual emprendemos el camino “, Ítaca no tiene “nada que darnos”. 

Hoy observo a mi alrededor, incluso a mí mismo, y observo que la inmediatez nos domina. Lo importante no es el transcurso de los acontecimientos, sino el resultado final. Solo queremos llegar a esa Ítaca deseada lo antes posible,  haciendo que depositemos  en ella todas nuestras expectativas.

caminos sensoriales montañas verdes

Pero el ser humano es un ser vivo insatisfecho por naturaleza. Cuanto más disfrutamos, más queremos disfrutar. Y si a un viaje le quitamos uno de sus dos elementos (¿el más importante quizá?), estaremos al borde de una constante insatisfacción: viajamos directos a ese destino soñado, pasamos  dos, tres, cuatro días  e inmediatamente regresamos. Y nuestra sensación es de habernos quedado “a medias”.

¿Pero a medias de qué? Muy sencillo: del camino a Ítaca. Cogiendo un vuelo directo a Ítaca creemos que lo tendremos todo, pero sin el “hermoso viaje a través del cual emprendemos el camino “, Ítaca no tiene “nada que darnos”.

¿No has notado alguna vez esa increíble sensación de descubrir un rincón secreto en mitad de ninguna parte, solo porque tu intuición te dijo: “ve por ahí”?

caminos sensoriales montañas de colores

Si miramos nuestras fotos, la proporción de ellas que están dedicadas a nuestras “Ítacas” en relación a las que están dedicadas a nuestros “caminos”  probablemente sea de un 99 a 1. El tiempo, las paradas, las miradas que le dedicamos a ese tramo del viaje en el que nos movemos hacia nuestro destino final son insignificantes cuando, en realidad, es ahí donde está contenida gran parte de la magia del viaje: la satisfacción de  trabajar uno mismo el camino que llevará al premio final,  la belleza de ver cómo el mundo va cambiando entre el punto A y el punto B,  las personas que conocemos,  las imágenes ocultas que solo descubrimos si nos desplazamos a la velocidad con la que crece una brizna de yerba.

Todo esto es lo que hace que un viaje nos haga sentir realmente completos.

camino de santiago

¿No has notado alguna vez esa increíble sensación de descubrir un rincón secreto en mitad de ninguna parte, solo porque tu intuición te dijo: “ve por ahí”?

Esos recuerdos son los que más perduran en nuestra memoria, los que más hondo calan en nuestro interior, porque van unidos a una emoción: la emoción de haber hecho algo dejando que nuestro ser tenga el tiempo de experimentarlo a su ritmo y por sí mismo.  Pero esas situaciones raras veces surgen si no les dejamos el tiempo y las condiciones necesarias para que germinen.

caminos sensoriales agua

Un viaje debería ser, como apuntó Kavafis, un largo camino de aventuras y experiencias, que constituyen, en sí mismas, minúsculas partes de ese destino soñado, esa Ítaca final. Llegar a un destino y poner en él toda la responsabilidad de satisfacer nuestras expectativas es demasiada carga para un solo elemento del viaje. Un lugar es, también,  todo lo que hemos aprendido y hemos experimentado hasta llegar a él y este proceso nos ayuda a tener  una perspectiva completa de su situación social, política y económica.  Si no tenemos en cuenta estos detalles correremos el riesgo de conocer solo una pequeña parte de su realidad.

El camino no siempre será agradable o bello, requerirá incluso de un esfuerzo extra por nuestra parte pero, llegados a nuestro lugar de destino, ese esfuerzo se verá recompensado  con creces por esa insustituible sensación de gozo que se siente tras haber construido algo desde la base. Solo de esta forma cobrará todo su sentido la elocuente frase con la que Kavafis cierra su poema:

“sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.”

  • Dani Keral

    Dani Keral es fisioterapeuta a ratos, artista y viajero en alma a tiempo completo.  Sueña, viaja, crea y escribe a través de unviajecreativo.com, intentando siempre mostrar los pliegues del mundo usando el arte y la imaginación. Para él, el mundo es todo lo que seamos capaces de soñar.

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