• por Tatiana Sidlik
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a Karakorum Highway es una ruta que si hablara, tendría millones de historias para contar, tantas, como las horas, meses, años, siglos y hasta milenios desde que ha sido transitada. Actualmente es una carretera que comienza en Pakistán, al norte de Islamabad, más precisamente en Taxila, y culmina en Kashgar, China, por lo que se la conoce como la carretera de la amistad entre Pakistán y China. Vale destacar que esta amistad es conveniente para ambos países: para China es una salida comercial hacia el Golfo Pérsico con todo lo que eso conlleva; y para Pakistán trae posibilidades de comercio con China, un acceso pavimentado a la región del norte y posibilidades de crecimiento económico. El Karakorum, sin embargo, ya en el pasado era un camino que traía prosperidad a los pueblos que lo rodeaban. Era parte de la ruta de la seda. Las caravanas transitaban esos inhóspitos paisajes, en los que debían frenar a descansar y alimentar a los camellos. Por aquí también llegaron los mensajeros del budismo a la región y más tarde los del islam.

La construcción de la carretera pavimentada se demoró 20 años y dicen que se cobró la vida de un trabajador por cada kilómetro de carretera. Su geografía es un conjunto de pliegues de picos de más de 6000 metros atravesada por el río Indo que varía su ancho y su fuerza dependiendo del lugar y la época del año. Por cierto, la mayor parte de esta carretera no es transitable en el invierno ya que la nieve cubre todo este maravilloso paisaje.  

Karakorum highway otro mapa

Habíamos oído muchas cosas sobre este camino. Que es muy difícil atravesarlo. Que hay varios picos de los más altos del mundo. Que allí se ven paisajes únicos. Que le dicen la ruta de la muerte, porque es una de las carreteras más peligrosas del mundo. Creíamos que sería toda una aventura cruzarla, y no sabíamos si seríamos capaces de lograrlo.

Abid Rehman nos llevó en rickshaw desde su casa en Taxila hacia una estación improvisada de minibuses, nos subió a una van media destartalada pagando nuestros boletos, nos aseguró los mejores sitios, o sea los asientos de adelante y nos dijo “adiós hijos míos”. Al arrancar pasamos un pequeño y despintado cartel donde apenas podía leerse en inglés “Aquí comienza la Karakorum Highway, antigua Ruta de la Seda”. Debo confesar que sentí un cosquilleo en la panza.

Así comenzamos a transitar este mítico camino de montaña. Desde el comienzo todo fue diferente al resto del país. La ruta se volvió angosta, en subida, por ratos se ensanchaba y a los costados veíamos árboles altos. Cruzábamos muchos pueblos pequeños que custodiaban al camino durante algunos kilómetros pero luego volvíamos a ver los árboles y nada más. Así transcurrieron dos horas hasta que llegamos a la ciudad de Abottabad, lugar al que mucha gente de la capital suele ir para respirar un poco de aire de montaña a unos pocos kilómetros de su casa. Es una ciudad de casas rústicas de colores sobre la ladera de la montaña. Pero al pie de la misma todo es caos, bocinas y un tránsito insoportable. Decidimos seguir nuestro camino hacia lo que nos habían dicho era un pueblo muy especial arriba de una montaña.

Info

La carretera del Karakórum es la carretera pavimentada internacional que alcanza mayor altitud en el mundo. Es la segunda carretera pavimentada más alta después de Abra del Acay, en Argentina. Conecta China (N35 Karakoram Hwy) con Pakistán (G314 National Rd) a través de las montañas del Karakórum. Su recorrido es de 1.200 km y sigue parte de la antigua Ruta de la Seda.

Tomamos un micro muy viejo y más destartalado aún que la van. Hacía calor, el micro avanzaba lento y para colmo frenaba cada 5 kilómetros. Para hacer 26 kilómetros demoramos unas tres horas. En un principio disfrutamos de observar el movimiento de la gente de cada pueblo en el micro, viéndolos subir con animales, bolsones y sus ropas típicas. En un momento le dije a mi compañero “disfrutemos de esto, algún día lo vamos a recordar con una sonrisa”, pero después de dos horas me agarró como un ataque de histeria y ganas de saltar por la ventana por lo lento que íbamos. Finalmente llegamos a Mansehra, un transbordo más a otra van y así nos desviamos un poco de la KKH propiamente dicha para subirnos a un jeep y llegar trepando por un camino de montaña a un pueblito llamado Shogran, que nos recibió con luna llena.

Unos días más tarde partimos hacia Naraan, otro pueblo en la montaña, a dedo. Era la primera vez que hacíamos dedo en Pakistán y una vez más pudimos comprobar la hospitalidad de la gente. Un auto muy pequeño conducido por dos muchachos corpulentos, frenó para llevarnos, y les explicamos que no entrábamos con nuestras mochilas, pero cambiaron las cosas de lugar cual tetris e intentaron inútilmente subirnos durante 15 minutos mientras les insistíamos en  que era imposible esa hazaña. Luego otro auto frenó, preguntó a la policía si podía llevarnos y viajamos con dos chicos hasta nuestro destino.

Los paisajes más lindos comenzaron algunos días después. Hicimos dedo nuevamente y nos frenó una camioneta último modelo con tres amigos pakistaníes que vivían en el exterior, y el conductor, Khanveez, un personaje muy tierno, vestido con su shalwar kameez, sus zapatos artesanales típicos de la zona, su chaleco, su boina y su shall de lana (dependiendo el frío). Con ellos convivimos tres días y vivimos cosas tan hermosas que jamás olvidaremos. Siempre les estaré agradecida por hacerme probar el dal, una comida pakistaní a base de lentejas, que milagrosamente no es picante, y se transformó en mi alimento principal durante los días que me quedaban en el país.

mujer en Karakorum highway otro mapa

Atravesamos una parte del camino bien difícil por la altura y por lo desolado. Cruzamos el Babusar Top, que es el punto más alto con 4173 metros, y unas vistas impresionantes para luego unirnos nuevamente a la KKH. Y fuimos acompañando el Río Indo, color verde grisáceo, a veces más tranquilo y a veces más furioso. Con puentes colgantes que lo cruzan en todo su ancho y pequeñas playas de arena blanca y virgen que se forman a sus lados. Cuando llegamos al puente Raikot, dejamos la camioneta para montarnos en un jeep y recorrer el camino más temeroso de mi vida durante dos horas. Trocha angosta, camino destruido, jeep en ambos sentidos que iban y venían, y precipicio. Uno de los puentes de madera estaba a punto de colapsar, así que tuvimos que cruzarlo caminando y subir a un jeep que nos esperaba al otro lado. Por último caminamos tres horas viendo el Nanga Parbat (un pico de 8125 m.s.n.m.) nevado al frente y el Rakaposhi también nevado a nuestras espaldas. Árboles amarillos acompañaban a este grupo de caminantes que avanzaba a duras penas. Llegamos por la noche al campamento de Fairy Meadows y nos invadía una felicidad absoluta. De esas difíciles de explicar. Sentía que estaba en el lugar más lindo que había conocido. Aunque era de noche, la luna alumbraba la nieve y podía verse el Nanga Parbat. A pesar del cansancio y el frío, nos quedamos viéndolo al calor de una fogata con nuestros nuevos amigos y algunos campesinos de la zona. Nanga Parbat significa Montaña Desnuda, y esta depravada se ha cobrado la vida de muchísimos escaladores.

Después de pasar dos días en las montañas de Fairy Meadows, volvimos a nuestro camino e hicimos dedo rumbo a Gilgit. ciudad neural de la KKH y puerta de la región del Baltistan. Podría decirse que es la ciudad más grande de la cual se abastecen los pueblos de la zona y allí confluyen varios caminos. El pavimento parecía recién estrenado. Lo de los caminos en malas condiciones comenzaba a esfumarse de nuestra imaginación, y es que China en 2008 comenzó a repavimentar la Karakorum Highway dejándola como nueva.

En el pasado Gilgit fue una zona conflictiva. Notamos como aumentan los controles militares. Es zona de talibanes y chiitas. Por la noche todo se vuelve oscuro y no nos sentimos tan seguros como en otros sitios.  Desde allí tomamos un desvío de la KKH de solo 170 kilómetros que recorrimos en siete horas. Y es que el camino a Skardu estaba en muy malas condiciones, ahora sí como lo imaginábamos, pero no es la KKH propiamente dicho.

camiones en Karakorum highway otro mapa

Info

“Tres tazas de té” cuenta la historia de Greg Mortenson, quien regresaba de un intento fallido de alcanzar la cumbre del K2. Exhausto y desorientado, llegó a una aldea del norte de Pakistán donde le cuidaron hasta su recuperación. Durante su estancia, vio como los niños de la aldea estudiaban sus lecciones a la intemperie escribiendo con un palo en el suelo embarrado. Antes de regresar a casa, Mortenson les prometió volver y construir una escuela. De aquella promesa nació una de las campañas humanitarias más increíbles de la historia: la misión de un solo hombre de luchar contra el extremismo y el terrorismo construyendo escuelas, especialmente para niñas, en el país que vio nacer y alimenta a los talibanes. Se han vendido más de dos millones y medio de ejemplares y fue elegido por la revista TIME como “Mejor Libro del año sobre Asia”.

Llegamos a Skardu, mi lugar preferido de este recorrido. Casas de barro, montañas, desierto, lagunas y gente demasiado amable. La gran mayoría en Skardu son musulmanes Chiitas. Se nota porque vemos a Khomeini – líder de la revolución islámica en Irán – colgado en las paredes, y por las mezquitas que también nos recuerdan al país vecino.

Skardu es una ciudad con alma de pueblo. En la región del Baltistan la principal lengua es el balti y no el urdu. Aquí todos los hombres visten el típico shalwar kameez acompañado de la boina y el shall por el frío, y muchos utilizan bastón. Las mujeres también usan la ropa típica y se las puede observar lavando ropa en los canales de agua o arreando a los animales. Son muy simpáticas.

Este lugar ha sido la base durante décadas para los escaladores de todas partes del mundo que se han atrevido al gran desafío de subir la segunda montaña más alta de la Tierra, el K2. Y yo llegué aquí motivada por el libro de un escalador estadounidense que en los años noventa intentó escalar el K2 y se perdió, llegando a una aldea donde lo rescataron (Libro: Tres Tazas de Te, de Greg Mortenson). Este hombre creó el Central Asia Institute, una organización dedicada a la creación de escuelas  para la educación de niños y niñas en las montañas de Pakistán y Afganistán. Con la idea de que los libros les ganen a las armas.  

Me parecía conocer a la gente y al lugar desde antes, de aquellas páginas que me atraparon unos años atrás. Y ver hordas de nenes y nenas con su uniforme salir de las escuelas, me generaba una emoción extra. Tuve la posibilidad de conocer una de las escuelas y la experiencia fue maravillosa. Me fui de Skardu con ganas de quedarme a vivir allí.

Regresamos a la KKH para adentrarnos a los glaciares del Rakaposhi, un pico no tan alto pero de una belleza imponente. En el camino, el conductor del vehículo que nos llevaba, se detuvo y señaló hacia el otro lado del río diciendo “allí pueden observar parte original de la ruta de la seda”.

Salimos a caminar hacia la montaña sin más guía que nuestro instinto. Y si bien el instinto es una buena guía, en nuestro caso no fue suficiente ya que tuvimos que escalar bastante por no encontrar el camino correcto. Al llegar agotados atrás de la montaña que nos habían señalado, lo vimos. El Rakaposhi a un lado, el Duran al otro, ambos blancos, y una lengua de glaciar impresionante que parecía venir a comernos. Nunca antes habíamos visto un glaciar, así que estábamos totalmente exaltados pero agotados por el cansancio de la caminata.

Cuando juntamos fuerzas nuevamente seguimos nuestro viaje a dedo hacia el Valle de Hunza, más precisamente al pueblo de Karimabad. Y aquí nos quedamos varios días. Porque como cada pakistaní del camino nos dijo, el Valle de Hunza es bellísimo. El río color azul corre entre cultivos de manzanas y árboles altos. En cada rincón se observa el verde del valle. Inclinando la cabeza hacia el cielo pueden observarse las altas montañas del Norte. Pero el paisaje no es lo único que nos atrapó en esta zona del país. Su gente es muy simpática. Hay una calle principal donde se puede ver a los viejos sentados en la mezquita pasando el tiempo o en alguna esquina charlando. Las mujeres tienen un rol muy importante en la comunidad. Ellas son muy emprendedoras. Tienen proyectos comunitarios como la venta de platos típicos, y bordados, que las ha hecho famosas en el mundo. Al caminar por las partes más rurales nos encontramos con pastores y pastoras que arreaban sus yaks y sus vacas. No faltaba el anciano que nos llenara de deliciosas manzanas en el camino. Y así, ¿cómo no enamorarse de este lugar y de esta gente?

Pero llegó la hora de abandonar este país al que llegamos con miedo y del que nos vamos con gratitud infinita. Partimos hacia Sost, última pequeña ciudad de Pakistán donde tuvimos que hacer migraciones, aunque faltaran unos 75 kilómetros para Khunjerab Pass, que es la frontera con China, donde hay un hermoso arco, símbolo para ambos países y que se encuentra a 4700 kilómetros de altura. Moríamos por conquistar ese lugar al que no sabíamos si llegaríamos antes de que cierre por la nieve. Se convirtió en un símbolo para nosotros también al que queríamos llegar y sacarnos una foto triunfante. Pero en cambio pasar de un país a otro fue tan tedioso y dificultoso, que mejor olvidarlo. Desde que llegamos al arco, los militares chinos nos tuvieron como rehenes, sin dejarnos bajar del minibús por horas.

Cruzando el pase nos hicieron un control exhaustivo, pero migraciones se hace en la primer ciudad grande China, Tashkurgan, que se encuentra a 130 kilómetros de Khunjerab. Tashkurgan no parece China. Su gente es de origen turkmeno y musulmana. Visten sus ropas típicas, con un velo similar al de las mujeres del norte de Pakistán. Pero solo estuvimos en la ciudad la noche que llegamos y por la mañana. Ya que luego salimos a la carretera e hicimos dedo hacia Kashgar. No fue fácil pero nos levantaron dos hombres en una camioneta que no hablaban ni una palabra de inglés. La primer parte del camino fue realmente impresionante, de los paisajes más lindos de la KKH. Desde la ruta vimos las montañas del Pamir y decenas de glaciares, en cada pliegue de montaña, que parecían estar muy cerca nuestro.

escuela de niñas en Karakorum highway otro mapa

Y por último llegamos a Kashgar, última ciudad de esta carretera. Nos enamoró desde que pusimos un pie en ella y nos costó abandonarla. La parte histórica de la ciudad es toda de un color terracota, con casas de barro bien mantenidas, con arcos, mezquitas y callejuelas demasiado pintorescas. Su población también es musulmana. Los hombres utilizan un gorrito blanco y verde y visten muy elegantes con sacos grises, camisa blanca y pantalón negro. Presenciamos un viernes, en el que todos salían de rezar de la mezquita y podía verse la calle llena de esos gorritos tan lindos. Ellos no se sienten chinos. La seguridad en la ciudad es extrema ya que hay grupos separatistas que buscan la independencia de la provincia de Xinjiang.

Y así, coronamos todo el recorrido de la mítica y legendaria Karakorum Highway, que nos pareció más pacífica y hermosa,  que peligrosa y riesgosa.

anciano en Karakorum highway otro mapa

  • Tatiana Sidlik caminandoporelglobo.com

    Tati estudió ingeniería civil sin razón alguna. Gracias a los viajes descubrió su verdadera vocación que es la construcción con tierra. Y sí, es una ingeniera un tanto particular. Ama reír y hacer reír a los demás. Le apasiona viajar, no tanto por los destinos, sino por la gente que encuentra en cada lugar del mundo. Además de calcular estructuras, escribe sus experiencias en caminandoporelglobo.com. Viajó con su casita cuestas pero pronto la abandonará para cargar nuevamente la mochila al hombro.  

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Comments
  • 923334227932
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    Thank You Tatiana for your visit to Pakistan. She with Khavier came to Pakistan and we met her in Lahore and it was wonderful to meet such nice people. Memorable time spent with them to see historical places of Lahore. 🙂

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