La creatividad y los viajes

  • por Dan Lande | Ilustraciones: Avian Pinaya
V

iajar nos hace más creativos. Nos ayuda a abrirnos, nos estimula y nos expone a situaciones y contextos novedosos. Escuché esta frase demasiadas veces y la verdad no es tan así! O por lo menos no siempre. La creatividad no se da de manera automática y durante un viaje puede dejarse de lado o aprovecharse al máximo, dependiendo entre otras cosas de la forma en que viajamos. Me gustaría plantear dos estilos opuestos de encarar un viaje: uno en el cual nos nutrimos de nuevos entornos y potenciamos nuestra creatividad y otro en el que la reducimos al mínimo indispensable. Pero antes de meternos con los viajes ¿Qué es la creatividad exactamente? ¿Cómo funciona? Definirla es complejo. De hecho existen libros enteros dedicados a este punto con decenas de definiciones. Simplifiquemos y optemos por una que es interesante a los fines de esta nota:  la creatividad tiene que ver con la capacidad que tenemos para encontrar caminos distintos a la hora de alcanzar un objetivo o un resultado.


¿Cómo funciona habitualmente nuestra mente en este aspecto? Estamos acostumbrados a movernos dentro de un mundo conocido. Tenemos un problema (o una oportunidad) y encontramos un camino que nos lleva a resolverlo. Cuando confirmamos que funciona, lo repetimos hasta automatizarlo. Pensemos en recorridos que hacemos normalmente, como puede ser la forma en que vamos a la universidad o el trabajo ¿Cuántas manera de llegar existen? ¿Por qué entonces vamos siempre por el mismo camino o usamos el mismo tipo de transporte? Solemos seguir el mismo patrón de compras dentro del supermercado, contamos con uno o algunos platos salvadores cuando no queremos cocinar. Tenemos un bar que nos funciona siempre en primeras citas y una parrilla a la que vamos religiosamente con un grupo de amigos.

Cuando era chico tenía un tío abuelo que me regalaba para todos mis cumpleaños un pijama. La verdad es que me venían bien, pero siempre me pregunté por qué el tío Adolfo no me hacía otros regalos. Supuse que pensar en otras opciones debía ser un dolor de cabeza para él. O tal vez no soportaba la incertidumbre de saber si un nuevo regalo me iba a gustar o no. El tío Adolfo regalaba pijamas porque estos recorridos automatizados nos simplifican la vida. Es como si la mente se relajara y dijese, ya está, no tengo que preocuparme más por este tema. La repetición de un mismo camino es práctica y económica. Ahorramos tiempo, desgaste mental, frustración, reducimos riesgos y miedos. Nos da seguridad.

¿Qué pasa entonces con los viajes? Es verdad que los viajes nos estimulan, nos fuerzan a salir de la rutina, a encontrar situaciones, gente, formas de resolver que son totalmente nuevas para nosotros. Viajar en teoría debería movernos a terrenos desconocidos. Pero no siempre es así. Existe un estilo de viaje en donde reducimos al máximo cualquier tipo de incertidumbre. En donde buscamos un camino que sabemos que funciona y nos da certezas. Lo llamo viaje recetado porque se parece a una prescripción médica, con sus instrucciones y sus pasos a seguir, siempre incuestionables.

La repetición de un mismo camino es práctica y económica. Ahorramos tiempo, desgaste mental, frustración, reducimos riesgos y miedos. Nos da seguridad.

Imaginemos un viaje a París. En el viaje recetado nuestro camino por allí ya está definido. Sabemos que tenemos que visitar la Torre Eiffel, el Louvre, Notre Dame y comer Macarrones. Es un recorrido conocido por más que jamás hayamos ido. Un viaje configurado a partir de guías, lo que ¨todos recomiendan, los MUST de la ciudad. Ver lo que hay que ver, hacer lo que hay que hacer, vivir lo esperable. En general este tipo de viajes vienen como paquetes armados o tours programados con anticipación y están basados en máximas: 10 cosas para hacer en París. 5 comidas francesas que hay que probar, 100 lugares para ver antes de morir, los 3 mejores puentes de parís y todo tipo de rankings que seguimos porque nos encantan los rankings y las comparaciones. El viaje recetado tiene también un vocabulario propio, un léxico planteado como reglas fácticas. Brujas se ve en dos días. Berlín la haces en una semana. ¿Qué significa hacer una ciudad? ¿Qué pasa si te quedas un día más en Brujas? ¿Aparecerá un telón que no te dejará ver la ciudad?

 

En el viaje recetado el camino entre problema y solución ya existe y lo único que tenemos que hacer es transitarlo. ¿Tendremos un buen viaje? Seguro que sí. ¿Será único? También. Porque al fin y al cabo cada persona es diferente y también lo es su percepción del entorno. Pero viajando así no va a haber mucho margen para encontrar caminos totalmente distintos al de otros viajeros que vayan a París. Imaginen si le pedimos a cinco personas que cocinen un cheescake. Es imposible, por más que sigan la misma receta, que las cinco tortas salgan exactamente iguales. Sin embargo, la diferencia entre una y otra no sería sustancial. ¿Que pasa ahora si les diéramos lugar a cada para hacer el tipo de  torta que quisieran?

La creatividad tiene que ver con la posibilidad de pensar otras opciones. Darnos un sacudón y desplazarnos fuera de ese recorrido establecido. Poder encontrar caminos más lindos, más interesantes, más fáciles, más difíciles, más desafiantes, más únicos, más cortos, más largos, más atractivos. Ser creativo es poder pensar caminos nuevos. Generar cantidad de alternativas o buscar algunas por fuera de nuestra zona habitual. Es también buscar los caminos que nadie transitó anteriormente. A veces ser creativo es simplemente dar lugar a crear un camino singular. Un camino propio, a partir de nuestros gustos, intereses y talentos. Uno que solo nos pertenece a nosotros.

La creatividad tiene que ver con la posibilidad de pensar otras opciones. Darnos un sacudón y desplazarnos fuera de ese recorrido establecido.

El viaje creativo implica darle a ese recorrido por Paris una mirada propia. Ver, hacer, contar algo que nadie vio, hizo o contó. Viajar de forma creativa implica iniciar un viaje a partir de descubrir quienes somos y qué es lo que nos mueve a viajar. Y para viajar así hacen falta otro tipo de actitudes que el viaje recetado no nos exige. Ser flexible, estar atento a las señales que nos brinda el entorno. Tener sentido del humor y ser tolerante. Estar abierto y dejarnos llevar por invitaciones, seguir nuestro instinto y curiosidad. Animarnos a hacer cosas que jamás haríamos en nuestra vida cotidiana, y al mismo tiempo buscar también lo mismo que hacemos en nuestra ciudad y seguir esos intereses. Si somos fanáticos del básquet, ¿Por qué no ir a ver un partido por más que no figure en las guías de París? O si estudiamos actuación, ¿Por qué no participar de un taller de un día? Esto también es viajar.

Viajar de forma creativa tiene que ver con involucrarse de otra manera con la gente y los lugares, profundizar experiencias y animarse a probar cosas nuevas.

Durante un viaje caminaba por París en lo que resultó el día más caluroso del año en la ciudad y se me ocurrió averiguar por una pileta pública. La única que encontré era un barco anclado junto al Sena llamado Piscina Josefine Baker. La pileta estaba adentro del barco. Una amiga que también estaba de viaje prefirió ir al Louvre y se rió  burlona de mi plan ¿Quién va a Paris para ir a una pileta? Me dijo. Cuando llegué, Josefine Baker estaba colapsada de gente, había fila de más de dos horas para ingresar  y el caos fue tal que el personal del barco tuvo que llamar a la policía. No pude entrar, pero durante la espera viví una situación particular. Un absurdo cinematográfico. Un grupo de policías franceses trataba de calmar y contener a una muchedumbre de adolescentes en traje de baño que amenazaba con abalanzarse sobre la puerta del barco. Para mí, esa escena grotesca fue parte de mi viaje por París. Algo que jamás imaginé que podía vivir allí. Era tan solo un momento, único e irrepetible, que correspondía a mi viaje y al de nadie más.

Mientras que en el viaje recetado hay un recorrido marcado con anterioridad que necesita ser transitado, en el viaje creativo ese camino está sin dibujar. Puede tener tantas idas y vueltas, así como direcciones. Este camino no se transita sino que se construye. A partir de vivir otro tipo de eventos, de conocer lugares que quizás para otros son intrascendentes y nosotros los transformamos en íconos de nuestros recorridos. Una esquina, una maceta, un café, un parque, la casa de algún desconocido que nos invitó a pasar, alguna reunión de amigos. Viajar creativamente no es esperar a ver qué es lo que tiene una ciudad para ofrecer, sino descubrir qué es lo que queremos vivir y contar sobre ella.

No existe una mejor o peor forma de viajar. El viaje recetado es válido. Puede ser cómodo, más  fácil, reconfortante y divertido. También es práctico cuando tenemos poco tiempo de vacaciones o cuando se trata de nuestro primer viaje. Un viaje de estas características tiene todos los condimentos para ser disfrutado. Lo único que no va a tener es un lugar preponderante para despertar nuestra creatividad. Y personalmente creo que anular nuestra creatividad al viajar es una pena, porque en estos momentos la misma tiene un potencial gigante. El viaje creativo está íntimamente ligado a la idea de exploración. A poder descubrir un mundo distinto y contar algo que otros no supieron ver. Ser creativo entonces empieza con una decisión. La de elegir de que forma queremos viajar.

  • Dan Lande

    Dan Lande es consultor en creatividad e innovación, profesor de la UBA y de la UCU. Viajó durante un año y medio con su proyecto Mundo Sandia, y actualmente es el fundador y director de La Boussole Club de Viajeros en Buenos Aires.

  • Avian Pinaya
    Avian Pinaya Ilustrador

    Durante su infancia en Bolivia se empezó a interesar por todo lo relacionado con el mundo de los dibujos animados. Ya en Argentina se graduó en Realización integral de dibujos animados y aquel mundo ya no le resultó tan ajeno. Se define a sí mismo como alguien apasionado y torpe en partes iguales. Pueden ver sus trabajos en http://walas21.deviantart.com/

Comments
  • Andrea Bergareche
    Responder

    Cuánta razón en tus palabras. Las leo y vuelvo a cada uno de mis viajes, a aquellos que han tenido más margen de improvisación y los que no. Vuelvo a esas esquinas, esas tazas de café, las arrugas en una mano que las sostiene, las historias con nombres propios, con nombres personales.
    Al final un viaje es como la vida, con todas sus formas de vivirla. El camino transitado da seguridad, en él sabemos qué vamos a encontrar. El otro da miedo y es más peligroso, pero lo que sale de él es siempre más profundo y brillante.
    Un abrazo,
    Andre

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