• por Tatiana Sidlik
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ace un año que camino los senderos de Asia, pero este no es un viaje común y corriente para mí, sino uno que me ha llevado por las rutas más inhóspitas del continente en busca de unir dos pasiones: los viajes y la construcción con tierra. La primera, podría decir que es una vieja pasión; la segunda, surgió en mí hace tan sólo cuatro años cuando terminaba mi carrera de ingeniería civil.

Luego de hacer talleres, especializarme, meter las manos en el barro, sentir la conexión con tan noble material y con la idea de construir mi propio hogar, me creí lista para viajar al pasado para sentir esa misma conexión con culturas ancestrales, y contemporáneas también, para seguir experimentando y aprendiendo.

MI RUTA DE BARRO, como me gusta llamarla, comenzó en el desierto de Irán. De todos los sitios que visité, estos son los que más me han sorprendido por sus construcciones.

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KASHAN y sus bóvedas heladeras (Irán)

Kashan fue el primer lugar de Irán donde por fin comencé a ver construcciones de tierra. Fue mi puerta de entrada al desierto y al barro, ya que a partir de allí no dejaría de ver este tipo de construcciones por el resto del país.

Allí descubrí unas bóvedas muy antiguas, construidas con adobe, que utilizaban para refrigerar el agua. En invierno acumulaban nieve y cuando llegaba el verano, según el balance térmico, lograban conservarla como hielo u obtener agua fría para consumo.

La técnica que han utilizado es el adobe, con una simetría perfecta e increíble, que les ha permitido perdurar a través de los siglos y sobrevivir a unos cuantos terremotos, dado que su forma es especialmente sismo resistente.

Además conocí casas construidas con adobes que me dejaron sorprendida y que las podría considerar obras de arte. Los muros de esas viviendas que antaño pertenecieron a comerciantes que amasaron su fortuna en la época de la ruta de la seda, revelan unos trabajos de bajo y sobre relieve impresionantes.

ruta de barro

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MASULEH, un rompecabezas de viviendas (Irán)

Hay un pueblo al norte de Irán que se llama Masuleh. Aquí la gente construye sobre las laderas de las montañas, tan apretujados que los techos son el patio, la calle; o incluso la vereda de la casa del nivel superior. El barro es color beige, medio amarillento. La técnica utilizada es el adobe con revoques muy prolijos y cuidados.

Hoy, el lugar se ha vuelto muy turístico y como, todas las viviendas deben mantener el mismo estilo, suelen realizar remodelaciones con ladrillos cocidos, revocados con tierra cruda y paja. Es una lástima que no continúen construyendo con los mismos materiales y así preservar no sólo el patrimonio turístico, sino también el legado de conocimientos en las técnicas que ha utilizado su gente durante siglos.

ruta de barro

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ABYANEH donde me animé a meter las manos en el barro rojo (Irán)

Abyaneh, uno de los pueblos más antiguos de Irán, ha sido construido en la ladera de la montaña con barro de color rojo. Data de los tiempo de los Sasánidas y ha sido cuna de la religión del fuego, los Zoroastros.

Además de la belleza de sus callecitas y pasadizos, de la gente que deambula por el pueblo en medio de sus quehaceres conservando su colorida y floreada vestimenta típica, aquí me animé a revocar con barro un sector de una pared para asombro de los iraníes que me observaban perplejos. Hoy en día lamentablemente las remodelaciones y construcciones nuevas las realizan con materiales tradicionales y solo las terminan con tierra roja para mantener la estética del lugar.

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BAM la ciudad de barro más grande del mundo (Irán)

Bam me impresionó y me entristeció muchísimo. Hace tan sólo unos años era la ciudad de barro más grande del mundo. Luego de un terremoto gravísimo en el año 2003, ha quedado en pie un diez por ciento de ella. Es inevitable caminar por calles llenas de escombros pensando “llegué 15 años tarde”. Las mayoría de casas que habían sido construidas con tierra se derrumbaron. Por eso se puede observar cemento por todos lados. Han reconstruido muy lentamente la ciudad eliminando totalmente la tierra de sus materiales y el color del lugar pasó del ocre al gris.

La tristeza se respira en el aire. Murieron aproximadamente treinta mil personas y casi todos los sobrevivientes han sufrido muchas pérdidas y depresión.

De todos modos se nota la inmensidad del Fuerte de Bam entre lo que queda de sus muros rodeados de palmeras. Lo interesante es que están haciendo investigaciones sobre las técnicas utilizadas dos mil años atrás y excelentes trabajos de restauración.

Caminé por esa ciudadela durante horas. Me perdí entre torres de adobes amontonados y techos caídos descubriendo lo que algún día fue una escuela, una mezquita, el bazar, el palacio, las viviendas. Trepé a los muros que la rodean y la observé desde lo alto, contemplando el esplendor de su pasado.

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OMÁN y sus gigantes fuertes de barro

Omán se encuentra en el desierto de la península arábiga y por tal motivo la protagonista de sus construcciones es la tierra. En cada ciudad existe un gran fuerte con muros altísimos, construidos con barro.

Me puedo dar el lujo de decir que me cansé de visitar fuertes en Omán, algunos mejor conservados que otros, algunos restaurados excesivamente y otros que se preservan más originales. Pero debo confesar que lo que más me gustó fue meterme en los pueblos abandonados, explorarlos cual Indiana Jones, con espíritu de aventura, porque me encontré todo tipo de cosas en mi camino. Pude meterme en las casas, observar detalles, el interior de muros rotos, las capas de los techos, las escaleras y hasta los muebles que construían con el mismo material. Omán fue un paraíso de tierra para mí.

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SKARDU y VALLE DE HUNZA donde el adobe aún vive (Pakistán)

Pensé que vería muchísimos más sitios arqueológicos o pueblos construidos con tierra en Pakistán, pero este material se manifestó casi al final del viaje, en uno de los lugares más remotos que visitamos en el Baltistán y en el Valle de Hunza.

Más precisamente fue en Skardu. Un día, caminando para ir a visitar un fuerte, quisimos tomar un atajo y terminamos perdidos entre callejones serpenteantes. Esa se transformó en nuestra principal actividad en el pueblo, porque descubrí que las casas que rodeaban el centro eran de adobes. Lo que más me gustó fue que no estaba visitando ruinas, castillos, ni fuertes antiguos, sino un pueblo vivo de barro.

En el Valle de Hunza conocimos el Baltit, un fuerte de 700 años, también construido en madera, piedra y barro. Una belleza que está siendo restaurada.

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TULOU FUJIAN un sueño de manual hecho realidad (China)

En China encontré el lugar que más me fascinó. Resulta que cuando asistía a cursos y talleres, siempre me mostraban obras de arquitectura en barro de África, Yemen (de donde estuve a menos de cien kilómetros) y de muchos más lugares del mundo, que como buena viajera con intenciones de unir mis dos pasiones, anotaba en una lista. Una imagen recurrente era una especie de cilindros enormes de China.

China es gigante y nunca me había puesto a investigar dónde era ese lugar de las fotos de los manuales pero desde que ingresé al país, me propuse encontrarlos. Escribí a mis amigos para que se fijen en los libros, también a algunos de mis maestros, pero nadie sabía siquiera cómo se llamaban. Así fue que una noche me obsesioné con mi búsqueda y con la ayuda de internet, descubrí el dato más importante: se llamaban Fujian Tulou. Con ese dato podría averiguar dónde quedaban. No obstante, no estaba tan claro ya que Fujian era una provincia de China y Tulou era el nombre del tipo de construcción, que significa literalmente vivienda de barro.

Luego comenzó la investigación de cómo llegar a verlos. La travesía no era fácil y mi compañero decidió esperarme en la ciudad mientras yo viajaba en busca de estas construcciones. Debo confesar que no me sentía muy confiada de ir sola porque en las zonas rurales es mucho más difícil comunicarse y tenía que tomar varios transportes diferentes, algunos con baja frecuencia. Pero de lo que estaba segura era que no me iría de China sin conocer los Tulou de mis libros. Y lo bien que hice porque fue una de las mejores experiencias del viaje, donde además de encontrarlos, vi una China rural, sin edificios, sin Starbucks, donde las costumbres aún importan.

Los Tulou son una especie de edificios circulares con un gran patio interior. Los construyeron hace más de seiscientos años como viviendas y fuertes para defenderse de los enemigos, que en esa época eran varios y las disputas territoriales estaban a la orden del día.

Hay de diferentes tamaños y formas. Por lo general tienen tres o cuatro niveles y son construidos en adobe y madera. Cabe destacar que en un Tulou vivían hasta 800 personas. El muro principal que constituye el edificio y la fortaleza es de adobe mientras que en los interiores, que forman cada vivienda, los pisos y los techos son de madera. La belleza de estas construcciones no tiene nombre, y lo más interesante es que aún hay Tulou habitados donde la gente tiene el mismo estilo de vida que hace seiscientos años.

En China, durante el último año saltaron a la fama por una película animada que los usó como locación. Si bien en los Tulou más turísticos la gente solo tienen sus tiendas, visitando los menos turísticos es posible ver aquellos donde la gente aún vive realmente.

Mientras los recorría, buscaba paredes rotas para entender la técnica y mis manos se posaban en esos inmensos muros sintiendo la textura de la tierra, impresionada de estar viviendo en el sueño de un manual de construcción de tierra. Y eso que aún tengo por delante buscar mi ruta de barro en Jordania, Israel y Egipto para seguir aprendiendo del pasado.

  • Tatiana Sidlik caminandoporelglobo.com

    Tati estudió ingeniería civil sin razón alguna. Gracias a los viajes descubrió su verdadera vocación que es la construcción con tierra. Y sí, es una ingeniera un tanto particular. Ama reír y hacer reír a los demás. Le apasiona viajar, no tanto por los destinos, sino por la gente que encuentra en cada lugar del mundo. Además de calcular estructuras, escribe sus experiencias en caminandoporelglobo.com. Viajó con su casita cuestas pero pronto la abandonará para cargar nuevamente la mochila al hombro.  

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