• por Sebastián Cabrera | Ilustración: Aonik

Buenos Aires, día 258 DM (después de Maribel)

E

l montón de huesos que antes conocimos como Martín Nazar Anchorena Beccar se revuelve en el piso apenas tapado con una sábana harapienta. Otra vez desvelado repasaba una y mil veces sus últimos días con Maribel. ¿Qué había pasado? ¿En qué había fallado? Si la hubiese retenido un par de días más, le hubiera podido mostrar Purmamarca o la Quebrada de las Conchas y todo hubiera cambiado. Hubiera vuelto a tener fe en él. Pero no, desapareció. ¿Por qué no se había comunicado esa noche, o a la siguiente, o a la semana, o al mes, o a los meses? No pedía una hermosa carta de arrepentimiento, pero al menos un llamado, un mensaje de texto, un correo electrónico. Algo. Quizás el hecho de que él haya vendido su celular, su computadora y su televisión pueda haber ayudado a la falta de comunicación. Sus amigos se lo dijeron, pero no lo entendían, había renunciado a su zona de confort y no podía volver atrás. Lo material ya no iba con él.

Casi nueve meses habían pasado desde aquella mañana en que despertó y sólo encontró un hueco en la bolsa de dormir por respuesta. Tan fuerte fue la situación, tan golpeado se sintió que ni se despidió de Charly, armó su mochila a ciegas porque las lágrimas le impedían ver y corrió hacia la ruta sin pensarlo. El camino tendría la respuesta, siempre la tenía.

Pero no.

No había nadie en la ruta. Sólo un par de estúpidos perros que jugueteaban con un cartón que tenía escrito “Paraguay” con letras infantiles.

Desilusionado por Maribel y por el camino, Martín volvió a su casa y comenzó su encierro de angustia y soledad. Y allí estaba, ¿acaso había depositado su fe en los lugares equivocados? No, no señor. El camino debía darle las respuestas. No podía quedarse más de brazos cruzados, en su casa no iba a solucionar nada.

Villa Ojo de Agua, día 259 DM

-¿Martín, so vo?- La inconfundible y alegre voz de Charly llegó por su espalda- ¡Estás hecho mierda, chabón! Vení que te damos algo de comer, vamos adentro.

La casa estaba igual a como Martín la recordaba, hasta la basura del fondo estaba en el mismo lugar, a excepción de las gallinas que ya no veía ninguna. Recién después del quinto plato de puchero sus mejillas recobraron algo de color. Charly apartó la montaña de huesitos apilados que le impedía verlo a los ojos.

-Nunca me respondiste los mensajes.

Martín se sobresaltó.

-¿Qué mensajes?- casi que gritó.

-Tu celular me daba siempre apagado, supuse que estabas deprimido, por eso te dejé como diez mensajes contándote lo que me había dicho Maribel -Martín tenía los ojos abiertos como platos- Te fuiste tan rápido que no llegué a contártelo en persona. No entendí por qué te fuiste sin saludar.

Martín estaba petrificado.

-¿Venís de Paraguay?

No pestañaba siquiera. No podía reaccionar.

-¿No los escuchaste?

Villa Ojo de Agua, terminal de buses, día 259 DM

Casi nueve meses habían pasado para que el camino le diera la primera señal. La segunda fue de wi fi en el comedor de la terminal. Charly le había prestado su smartphone para que revisara sus mensajes. La casilla de mensajes de su blog “El camino te enseña” explotaba de enigmáticas misivas firmadas por “M”.

“Perdón, mi amor, pero necesitaba encontrarme a mí misma y Eleu me puede ayudar. M”

“Me olvidé el rimmel y la crema para párpados al lado del sol de noche, guardámelos. M”

“Borrá la foto que estoy haciendo dedo, my god!, tengo unas ojeras terribles. Poné alguna del cumple de tu mamá que ahí tenía el alisado definitivo recién hecho. M”

“Tenías razón, ¡qué lindo es encontrar tu zona de confort! (aunque un tereré no se puede comparar a un Espresso macchiato de Starbucks). M”

“Porã, ja’umina, core boluda, estos hablan más raro que el profesor de filosofía, my god! Igual les encanta mi acento J ¡Soy una celebrity!!! M”

“Esta gente no tiene una Susana, una Mirtha, una Calu Rivero… tengo que pasar unos castings y listo. M”

¿Quién sería “M”? ¿Sería su tía Marta? No, ella tuvo rulos toda su vida, jamás se hizo la planchita, además está peleada con su mamá. No, él había hecho dedo con una Mariana, con Mónica, la que le enseñó a tejer atrapasueños de hilo, pero qué tienen que ver con su mamá. No, tenía que ser Maribel. Sí, pero ¿dónde está? ¿Qué le habrá pasado? ¿Por qué no le daba una dirección para ir a buscarla? Un último mensaje le dio la clave, la pobre estaba sufriendo delirios místicos y debía rescatarla.

“Oh-my-god, ohhh-my-god! ¡La tele es lo mío! ¡Mi programa es un éxito, soy la Diosa de Asunción! M”

La Asunta, Bolivia, día 270 DM

Una semana haciendo dedo desde La Paz estuvo Martín hasta que logró llegar al municipio de La Asunta, justo en agosto. El camino había conspirado a su favor para poder encontrar a Mari. Sí, señor, el domingo se festejaba la Asunción de María y ahí podría encontrar a su amada. Al principio estaba desconcertado, pero releyendo sus my god, y su delirio de creerse una diosa le dieron la clave: dios, diosa, Asunción…María… ¡M! Google hizo el resto y así encontró la fiesta de la Asunción de María (M). No sabe cómo habrá hecho la pobre de Maribel para llegar hasta acá porque a él, que es viajero, le costó muchísimo, no se imagina cómo lo habrá logrado ella. Pero eso no importaba. Lo importante es que estaba aquí, en algún lugar, y él la iba a encontrar.

-No señor, aquí no hay ninguna Maribel -el sacerdote fue amable pero tajante-, y no hacemos rituales sacrificando vírgenes, señor, hacemos una procesión con una imagen de Nuestra Señora María. Esto no es Indiana Jones, señor. Le pido que se retire de nuestra Iglesia, por favor, tenemos que cerrar.

La mochila no le pesaba tanto como su culpa, ¿en qué había fallado su razonamiento? ¿dónde estaría la pobre Maribel? El camino no podría haberse equivocado, no señor, el camino siempre te enseña. El camino…

-¡El camino!- gritó, sin darse cuenta, en medio de la calle.

Justo enfrente de él un pequeño cartel señalaba el único hospedaje de la localidad: El Camino. Era una señal, tenía que serlo.

-Señal de wi fi no tenemos, señor, sólo dos canales de televisión del Paraguay que puede sintonizar en su habitación porque se rompió la antena. Agua caliente por la noche. El desayuno se sirve de 7 a 9 –dijo el encargado.

Martín dejó la tele encendida y se fue a bañar con agua fría para aclarar sus ideas. El agua helada sobre su cuerpo maltrecho lo hizo tiritar, o no, o era esa voz familiar que llegaba desde el parlante del televisor.

“Hacer dedo para llegar a tu destino es too much, te agota, nada mejor que viajar en avión ¡obvio!, pero a veces no se puede, my darlings. Los aviones no llegan a todos lados. Pero de todo se aprende porque como les digo siempre… EL CAMINO TE ENSEÑA!”

Tembloroso Martín se acercó al aparato. Una cumbia remixada sonaba mientras se sucedían imágenes de una chica tomando mate, sacando fotos, caminando por una callecita, comprando una artesanía. Siempre sonriendo, siempre guiñando el ojo. La canción terminó y aparecieron unas letras enormes que decían “Travelling Porã” y abajo, más chico, “el camino te enseña”.

Martín no sabía qué era más duro, si el colchón, casi de piedra, o el ver a Maribel en televisión. Estaba radiante, con el pelo más corto, simpática, hermosa. Y estaba gorda. Tenía una panza redonda enorme. No lo podía creer, si ella hacía dieta en cuanto subía 100 gramos, qué hacía tocándose orgullosa esa barriga puntiaguda.

“Salir de mi zona de confort para viajar no fue fácil, pero el camino siempre tiene algo para darte. A viajar se aprende viajando, my darlings, por ejemplo, en Miami tardé dos días en ubicarme con el mapa, pero finalmente pude encontrar todos los malls que nombraban mis amigos. Una sonrisa y un poco de J’adore te abren todas las puertas!”

La mirada de Martín estaba perdida en el pequeño frasco de rimmel que apretaba en su puño, como si pudiera maquillar la desilusión que sentía. La pobre había tenido que encontrar su camino sin él, quién sabe las cosas por las que habría tenido que pasar su Maribel en estos meses, ¿habrá pasado hambre?, seguro, por eso ahora estaba gordita, era angustia oral, ¿soledad? lógico, por eso buscaba la falsa compañía de los televidentes de Fashion TV. La habrán deslumbrado las marquesinas de la gran ciudad. Todo por su culpa, no había sabido guiarla, no supo ver las señales. Debía repararlo, y al televisor también. Se veía muy mal y casi no se oía. Martín se agachó detrás del aparato y empezó a revisar el cable de la antena, había un rollo de papel de revista que impedía que hiciera contacto. Lo retiró y la señal se recompuso.

“Bueno amigos, esto es todo por hoy, la semana que viene vamos a estar dándoles tips para que aprendan a buscar un hotel por internet y enseñándoles a tomar un taxi en otro país. No se olviden que viajar te hace mejor persona porque, como les digo siempre…EL CAMINO TE ENSEÑA!”

Triste pero seguro, Martín se calzó su mochila y salió de la habitación. Ya sabía lo que tenía que hacer, iría a Nueva York a la sede de  Fashion TV para ver a Maribel. Aún estaba a tiempo de mostrarle el libro de los Zapp y que juntos atrapen sus sueños.

La puerta se cerró de golpe y la corriente de aire desplegó el rollo de papel que estaba junto al televisor. Una foto a doble página mostraba a Maribel abrazada con Eleuterio, ambos sonriendo. El titular decía: “Tuve que bajarme del Bailando porque con Eleu esperamos a nuestras mellizas Paris y Nicole”.

 

-FIN-

  • Sebastián Cabrera cruzarlapuerta.com

    La primera vez que reconoció una vocación fue la de contar historias y así pasó por aulas de taller literario, periodismo, guión y cine. La segunda fue viajar y la tercera observar  animales en libertad. Desde aquel día trata de juntar las tres para escaparse cada vez que puede a explorar distintos rincones del mundo. De tanto aburrir a su familia con las fotos de sus viajes decidió abrirse un blog, cruzarlapuerta.com, y liberarlos de aquel yugo dominical. Tras doce años de trabajar en noticieros encontró en Otro Mapa la oportunidad de hacer, por primera vez, periodismo.

  • Aonik Ilustradora

    Apasionada por el dibujo desde que tiene memoria. Desde chica soñó con poder dibujar personajes y crear historias como las que veía en televisión. La cultura japonesa en particular fue su gran fuente de inspiración e impulsora de su carrera artística. Mayormente autodidacta, aunque recientemente se recibió como Diseñador de Ilustración en la Universidad de Palermo. Pueden ver sus trabajos en aonik.deviantart.com/gallery/

Entradas recomendadas

Deja un comentario

Contáctanos

Dejanos tu mensaje, crítica o sugerencia.

Escribe lo que quieres buscar y presiona Enter para iniciar la búsqueda