• por Alicia Ortego
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as Galápagos son un pequeño universo que nos muestra una ventanita al pasado más rabioso y más remoto de la vida en nuestro singular planeta. Debió de ser un tremendo infierno aquella región del Planeta. Fuego saliendo del océano, rocas en llamas día y noche hasta que se formaron las islas que se quedaron ahí. Hace poco el mundo pudo ver algo similar en directo en la isla de El Hierro, en el océano Atlántico.

En Galápagos la amenaza también persiste. La última erupción fue en isla Isabela en el año 2005. La suerte es que no afectó a la única población, Puerto Villamil, porque los volcanes (fueron dos) escupieron fuego hacia el otro lado de la isla. Lo que sí ha afectado en esa isla, y en esa zona de volcanes, es la presencia de turismo. A pesar de estar muy controlado el número de visitantes, las iguanas terrestres han dejado de frecuentar la zona más árida de la isla por el trajín de los humanos con sus trekkings por los volcanes.

Hicieron falta, seguramente, varios millones de años para que la vida empezara a asentarse sobre el terreno. Y también en sus fondos marinos. Las aves vinieron del continente, quizá arrastradas de manera involuntaria. Encontrándose que ya no sabían regresar, se quedaron, dando lugar a nuevas especies. Por su parte las iguanas, a saber cómo llegaron, tuvieron que lanzarse al agua y aprender a nadar para sobrevivir. Las tortugas gigantescas procrearon por miles a falta de depredadores, hasta que llegaron los humanos. Con los tiburones, tortugas marinas y un sinfín de especies del submundo, la fauna endémica de las islas Galápagos se completa en un crisol de especies adaptadas a los elementos extremos.

Parece que sólo Charles Darwin fue capaz de darse suficiente cuenta de ese ambiente que subsistía como en una burbuja, hasta el punto de aportar las claves fundamentales para entender cómo se forma la vida en la Tierra. Darwin sólo estuvo allí unas seis semanas. En ese tiempo se dedicó a observar, anotar, y coleccionar todo tipo de cuerpos y pruebas. Dicen, y él mismo lo escribió en su diario, que lo hizo de una forma bastante desordenada, casi bulímica. Acaparó todo lo que pudo y ya en Inglaterra pidió ayuda a sus colegas científicos. Él sólo era un geólogo. Poco a poco, reposando lo ingerido, como las buenas digestiones, la teoría de la Evolución se formó en su cabeza. Muchos años después la escribió y publicó, antes de que otro lo hiciera quitándole la exclusiva. Tenía miedo a las consecuencias porque se tumbaba a la doctrina eclesiástica que hasta ese momento dominaba la explicación de nuestros orígenes. No era para menos.

islas galápagos

islas galápagos

Volviendo a las islas Galápagos, aquello fue, y sigue siendo a pesar de todo, un microuniverso donde subsisten especies que ya no quedan en el resto del planeta, si es que alguna vez las hubo. En ningún otro lugar del mundo puedes ver alcatraces o piqueros de patas azules, pingüinos de Galápagos, tiburones de Galápagos, las propias Galápagos o tortugas gigantes… Aquí la mayoría de plantas y animales tienen el mismo apellido: Galápagos, y se explica empezando siempre por el apelativo “endémico”.  Decía que “a pesar de todo” puesto que una vez llegaron los humanos a este lugar, todo cambió. El verdadero depredador es nuestra especie.

Parece que sólo Charles Darwin fue capaz de darse suficiente cuenta de ese ambiente que subsistía como en una burbuja, hasta el punto de aportar las claves fundamentales para entender cómo se forma la vida en la Tierra.

Los elementos naturales pueden ser letales en su versión más extrema: una erupción volcánica de gran entidad puede arrasar con todo, lo mismo un maremoto… Pero si hay un “elemento” que es capaz de cambiar el rumbo de las cosas en muy poco tiempo, es el ser humano. En poquísimos siglos, si pensamos en la historia del lugar, los piratas, balleneros y colonos pusieron a las islas Galápagos en peligro de extinción. Se dedicaron a cazar tortugas a mansalva, y leones marinos. Introdujeron plantas y animales extraños y con ellos todo un desequilibrio.

islas galápagos

Este ecosistema único es muy frágil. La lava producto del fuego no es fértil como la tierra continental. Las fuentes de agua potable son mínimas, y las reservas subterráneas del preciado líquido son escasas (de hecho, actualmente están contaminadas en un 90%). El cambio climático no ayuda a mejorar la situación, y la declaración de Parque Nacional solamente ha paliado un poco todo el daño… A saber qué más había antes de los primeros marinos perdidos que cayeron por allí, empezando por Fray Bartolomé Berlanga, quien bautizó a las islas y desde entonces así se llamaron: Galápagos.

Con todo y con eso, las Galápagos sigue siendo una atalaya perfecta (y única) desde la que observar la fuerza de los elementos.

  • Alicia Ortego

    Socióloga y Antropóloga, desde hace unos años publica el blog Los viajes de Alicanal con el que transmitir sus pasiones: viajar, fotografiar y escribir. El virus viajero le fue inoculado desde el principio, gracias a unos padres que decidieron no estarse quietos por el hecho de serlo. África es el continente donde se siente más feliz, y los desiertos ocupan el primer lugar en su corazón.

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Comments
  • Vivi
    Responder

    Me gustó tu relato. Qué bien escribís!

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